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martes, 27 de noviembre de 2018

Hereditary (2017)



¡Buenas tardes, penumbr@s!

Volvemos a la carga, como no podía ser de otra manera, con lo que, para mi, es la mejor película de terror de los últimos quince años (ahí es nada la exageración).

Recuerdo haber ido al cine a verla el día mismo del estreno (22 de junio de 2018), justo antes del examen de la oposición -¡qué mejor manera de afrontarlo que perturbar la mente con cine de terror!- y saber que había sido la mejor idea para relajar los nervios. Fue una total catarsis que me hizo dormir sin mirar debajo de la cama, aunque con cierta intranquilidad en el ambiente que ahora explicaré.

La polémica sobre su 'alta alcurnia' viene siempre por los mismos caminos: "Si esto ya lo hemos visto", "no sorprende" o el no menos famoso, "no cuenta nada nuevo". Todo es aceptable, pues para gustos, los colores. Lo que es innegable es la calidad técnica de la cinta, el hedor a muerte y tensión que se desprende desde los primeros compases y no te suelta, y la magnífica dirección de Ari Aster, un primerizo no tan primerizo -luego amplío.

El papel de Milly Saphiro sorprende -y mucho.

¿Qué es el terror? Quizás con la siguiente definición la polémica sobre algo tan poco tangible como la posibilidad de recibir daño ayude a percibir el tono de la película de otro modo. Para mi siempre hubo un robusto muro entre "miedo" y "terror"; el primero, reside en la cualidad del ser humano para percibir un peligro (ejemplo: "creo que alguien ha entrado en mi casa"), crea desasosiego y anticipa algo que va a llegar, inminente. Sin embargo, el segundo, conlleva la explosión de lo que ya habíamos anticipado, llevándonos al extremo de la pérdida de control y equilibrio (ejemplo: "Ese alguien que creí percibir en mi casa viene con un hacha directo hacia mi").

Por lo tanto, cuando alguien se siente a ver esta película ha de tener en cuenta que, quizás no tenga tanto de lo segundo como de lo primero. Es decir, es un drama psicológico que te mantiene en vilo, no tanto por enseñar, sino por sugerir. Aster tiene una cualidad que le encumbra para este género: la meticulosidad de las imágenes bañadas en una onírica cascada de destrucción. Porque, ¿qué hay más terrorífico que el resquebrajamiento de una familia bien avenida? Nada.

Ese es, sin lugar a dudas, el punto más fuerte de esta película. Si además añadimos que el elenco actoral eleva al máximo su partitura coral, el cocktail implosiona en nuestro cerebro como una olla a presión. Con dulzura, con delicadeza, incluso con exasperante lentitud en algunos tramos, pero todo tiene su sentido. Es necesario. El director juega con nosotros como si fuésemos colegiales. Hemos mamado el género desde que éramos niños -los más fans lo defenderán- y ahora estamos vendidos ante una oleada de imágenes y situaciones que harán temblar al espectador más avenido en estas lides.

Si no le dan un Oscar a Toni Collette por este papel...

Como os decía antes, la calidad de la cinta no versa solo en un elenco estelar. Los ángulos de cámara cuasi imposibles del director impregnan la atmósfera con un halo de vehemencia y desgracia que hace que no puedas cerrar la boca ante lo que ven tus ojos. 

El poder de la imagen elevado a la enésima potencia. Y es que este Aster no es nuevo del todo en estas cuestiones (tiempo atrás había estado metido en publicidad y eso se nota en el lado creativo del americano), su capacidad para dejarnos mal cuerpo con silencio es impresionante. Debido al fuego lento de su cocción, para cuando lleguemos al final, estaremos completamente a su merced. Desearemos que esa sensación se marche de nuestro lado y no vuelva a aparecer más. Es lo mejor que nos puede pasar si queremos dormir en los siguientes diez días.

Otro punto muy a favor de su visionado y de cómo no desfallecer en el intento es, sin duda, la sensación de que el dolor es inevitable. Esa terrible fusión de drama familiar de extrema y cortante tensión hasta el clímax intenso e in crescendo de sus aterradoras imágenes -vuelvo a incidir en esos ángulos maestros que no deberían ser dignos de un discípulo y que no se te irán de la mente. La función del director colinda perfecta y sobradamente con esta última cuestión: la enfermiza relación tormentosa de una familia avocada al desastre y la mente perversa de un director que tiene muy, muy clara cuál es su función. No le interesa decorar el terror con golpes de sonido -por fin-, sino con imágenes monstruosas de una situación inesperada. Un aliciente que, pese a lo horrible que es, desarbola la poca coherencia que le restaba al núcleo familiar.

El fuego redentor; el último paso hacia el desfiladero de la montaña

"Hereditary", en resumen, con empaque suficiente como ente individual como para dar lo mejor de los últimos años; pero, si fuese necesario, de forma colectiva -con tantos guiños a lo mejor del cine de terror de los últimos treinta años- ofrece un respetuoso y digno "refrito" -con su toque personal- de otras maravillas ya realizadas. Es importante clarificar que no vamos a ver lo mismo, solo que la calidad y la ejecución técnica y artística es tan grande que, pese a sonarnos familiar, no llegaremos a tildarlo de copia. Es más, diría que se acerca más a una modernización de ciertos clásicos en un compendio impredecible de ruina y dolor. Y es que ya lo decía Vito Corleone: "La familia...".

Lo mejor: La ingente cantidad de imágenes evocadoras. Su calidad en todos los sentidos.
Lo peor: La posible lentitud para espectadores exigentes. Pensar que es una película de terror al uso y perdernos el concepto tan embriagador que sugiere.




domingo, 22 de diciembre de 2013



Bienvenidos a lo que ya es la página web oficial de mi novela "Espejos". 

Con ella en marcha, tendréis la oportunidad de hacer comentarios sobre la misma, conocer más datos del autor y novedades varias que os iré contando.

Muy contento de haber comenzado con esta andadura, estoy deseoso de saber vuestras opiniones para seguir mejorando de cara a la segunda - que viene de camino. 

Agradeceros una vez más a los que la adquiristeis en las diferentes presentaciones, y como no, a la gente que aún se anima a pedirlas por la web de la editorial. Un gran abrazo a todos ellos (:


¿Te atreverás a mirar?

martes, 29 de octubre de 2013

Otro medio se hace eco de "Espejos"

Gracias a nuestros amigos de "Librotecando", que han hecho una gran puesta en escena de lo que la novela pueda llegar a ser, "Espejos" tiene nueva mención en las redes.

Ya podéis echar un ojo a su interesante blog, donde multitud de aspectos literarios son tratados. Además, existe una eficiente muestra de autores noveles y consagrados en forma de reseña. 

¡Muchas gracias!

http://librotecando.blogspot.com.es/2013/10/novedades-literarias-espejos.html

¡Un mes nada más!

¡Menos de un mes!

Será en la "Casa de Zamora" de Madrid. Calle Tres Cruces 12 (Metro Gran Vía - es una calle paralela a Montera). Las puertas se abrirán a las 18:05 de la tarde del día 
30 de Noviembre 


Ojalá podáis asistir todos, lectores y amigos, pues será un bonito recuerdo y un orgullo saber que me habéis apoyado en esta aventura.


¡Un abrazo!

P.D.: Aquí os dejo el enlace oficial, por si queréis apuntaros a él 


miércoles, 2 de octubre de 2013

Presentación de "Espejos"

¡Buenas a todos!


Tengo el inmenso placer de anunciaros que la presentación de la novela tiene por fin fecha y lugar.


Será en la "Casa de Zamora" de Madrid. Calle Tres Cruces 12 (Metro Gran Vía - es una calle paralela a Montera). Las puertas se abrirán a las 18:05 de la tarde del día 
30 de Noviembre 


Ojalá podáis asistir todos, lectores y amigos, pues será un bonito recuerdo y un orgullo saber que me habéis apoyado en esta aventura.


¡Un abrazo!

P.D.: Aquí os dejo el enlace oficial, por si queréis apuntaros a él 


jueves, 12 de septiembre de 2013

Primera Mención como Autor


Desde la bella Huelva, me acaba de llegar una mención muy especial como autor. El equipo de "Reflejo de Sentimientos" ofrece una breve biografía y un resumen de "Espejos" para ir abriendo boca antes de su publicación -allá por Noviembre de 2013.

Muchas gracias a Leticia por su tiempo, espero que la obra guste tanto como el interés que has mostrado tú.

Echad un ojo a su interesante blog, que habla de todo el espectro del arte: poemas, pintura, literatura, etc.

De igual modo, os dejo el enlace directo donde aparece la información que a mi respecta.


reflejodesentimientos.blogspot.com

sábado, 27 de julio de 2013

REC 3 (Génesis)


Tercer episodio de la popular saga REC. La verdad es que el registro ha cambiado totalmente. Y así su escisión de dos directores. Paco Plaza dirige esta joya -un tanto friki- en solitario; mientras que Jaume Balaguerò hará lo propio con la cuarta (y última) historia, que esperemos arroje un final digno de su innovación.

Después de haber leído multitud de críticas, donde los respetables espectadores preveían un "más de lo mismo", el director valenciano se desmarca de la cámara en mano, para dejarnos una más tradicional filmación. Primer cambio, un acierto, ya que después de dos partes muy parecidas, hubiera tendido a ser ese "aún más de lo mismo" que vetaron los detractores.

Partiendo de la premisa más pura que el cine, dio, da y dará, que es el entretenimiento, esta cinta lo consigue con creces -y vaya si lo consigue. El problema, que por otro lado es el de siempre, es que la gente se hace una idea errónea del producto que van a ver. Ha pasado tantas veces ("pues vaya chasco, yo pensé que "Señales" iba a ser como el Sexto Sentido), que ya no supone ninguna sorpresa. Y en efecto, "Señales", es una cinta magistral del Shyamalan que ya no tendremos nunca más, pero, NO es una peli de terror. Nadie la vendió nunca como tal. Nadie dijo que era "El Sexto Sentido 2". Da igual, los dignos espectadores, obcecados en ver siempre lo mismo, nunca aceptarán la innovación. Peor para ellos. Yo me lo he pasado de lujo con casquería, zombis e incluso una trama de amor en el medio muy bien conseguida.

La locura se instaura en el salón de bodas. Nadie sabe qué sucede.

Pretensiones elucubradas. Claro que sí. ¿Cuánto tiempo hace que no veis una película sin pretensiones? Pensarlo bien. Siempre pasa algo, una opinión cercana, un  blog de cine, una crítica de tal persona, etc. Así no se puede ver cine. El cerebro está hostil, y no quiere cuentas con nadie. Yo siempre he dicho que la cine hay que ir a ciegas, como si fuésemos tontos. No pensar en el probable final, disfrutarlo, dejarnos llevar, empatizar con los personajes. Así, sí se disfrutan las pelis. Precisamente, eso hice yo al ver esta tercera parte de REC -por llamarlo de alguna manera.

Zumo de arándanos. Violencia. Gore a saco. Color rojo por todos los lados. ¿Original? Verdaderamente, no. De hecho, nada de nada. ¿Divertida? Totalmente. Son ochenta minutos frescos. Sólidos.

Si bien es cierto que Plaza apenas revela nada del virus -dos detalles muy, muy sutiles-, ejerce de adalid del espectáculo que un buen cinéfilo siempre querrá ver: Acción. La casquería, como decía antes, es burrísima. Los planos no esconden ni la mitad de la mitad de lo que Plaza deja para la cuarta parte. ¡Es un escándalo! Cuánto echaba de menos este tipo de locuras. Qué mal ha hecho "Braindead"... y qué benditas son todas ellas.

Explosión de rabia y cólera de los infectados. Ya no somos familia...

Los efectos especiales y la barbarie, son exquisitos. Aunque no guste mucho el cine gore -creerme, esta tiene y mucho-, hay que admitir que se pasa un buen rato. Los sustos están poco logrados, y hay alguna situación (como viene repitiéndose en toda la saga) que es bastante predecible. No obstante, cumple su cometido, que no es otro que inquietar. No da miedo, pero es que tampoco es una cinta de terror al uso. Es una peli de zombis de toda la vida. ¿Acaso alguien tiene miedo de ver "La noche de los muertos vivientes"? Exacto, es que no es el mismo tipo de terror. Aquí no hay nada psicológico. De hecho, todo lo contrario, es lo más físico que te puedes echar a la cara -motosierras, cuchillos, lo que sea.

Por eso mismo, la cinta da lo que tiene; y obtiene lo que da, es decir, entretenimiento puro y duro. Como precuela, pues es un poco liviana, pues no arroja luz sobre nada. Si se hubiese titulado de otra forma, todos habrían dicho que es un escándalo. Pero es que la gente tiene la memoria muy fina, y la crítica muy gruesa. Hace tiempo que la novedad abandonó las salas de cine, sino mirar todos los episodios y remakes que hay. Así que, no me voy a poner exquisito con esta. Es decente. Da lo que quiere. Es bruta y gamberra (esos puntitos de humor negro, muy buenos). Las gotas ácidas no te haces desternillarte, claro que no. Pero una sonrisilla, si te gusta este género, esbozas seguro.

A la espera de cerrar el círculo, se sacan conclusiones. Una, Paco Plaza, ha tenido los bemoles de reinventar la saga, cuando ya se alumbraba un pesticida de varias películas iguales. Esto es un "Survival Horror" en toda regla, y se disfruta muy mucho. Dos, la originalidad brilla por su ausencia. Pese al entretenimiento global que otorga, da la sensación de que la tensión se podría haber percutido un poco mejor. Hay demasiada muerte fácil de entrever, y por ello, la tensión decrece un poco. Pese a todo, me da la sensación de que Plaza ha propuesto el juego si importarle mucho la parte de I+D, es decir, te sirve en bandeja lo que se supone que se va a ver: sangre, sangre y sangre. Fuera medias tintas de ángulos espectaculares. El muerto al hoyo y el vivo al bollo.

Grande Plaza

sábado, 20 de julio de 2013

Publicación de mi obra


La escritura; ese arte de llevar la palabra al olvido. De traerla de vuelta con un simple gesto, que no es otro que el de volver a coger aquel libro olvidado de la estantería. En ese preciso momento, todo gira y vuelve. La palestra de colores se reaviva, se surte de los alrededores de la memoria. 

Ese sentimiento es el que se encuentra cuando lees un libro por segunda, tercera vez. Un momento de distancia que se acorta con imágenes que nos sonaban, pero que quedaron atrás en la incertidumbre del que cree que no necesita volver a leer tal documento. Una vez basta.

Gracias a la insistencia, y al buen consejo de algún amigo (tú sabes a quién me refiero, mentor), mi sueño de publicar una novela, se ha convertido en realidad. Saldrá a la luz en octubre -o quizá noviembre, la espera no importa- una parte de mi. Una historia que comenzó en un folio en blanco, y terminó con un punto final. Una historia de la que espero disfrutéis leyéndola, como yo lo hice escribiéndola.

Ahora, vosotros podréis decididr, si queréis, leerla una, dos o incluso mil veces. Lo importante es el hecho de poder tenerla en la estantería con autores de todo tipo: Stephen King, Dean Koontz, Rebecca West... Me dará igual con quién me dejéis. Pero estaré allí. Y eso ilusiona un montón.

Cuando uno se pone a juntar palabras, no sabe hasta donde puede llegar. Quizás, las mismas podrían terminar en la papelera, o quizás, un editor decide que se las puede dar una oportunidad. El segundo camino, evidentemente, es mucho más complicado. No obstante, es el más ratificante. Alguien te está diciendo que confía en tu trabajo. Confía en tu buen hacer. O simplemente, toma los riesgos necesarios porque se ha quedado a medio camino de las anteriores premisas. Da igual.

En fin, desde este blog, quiero agradecer a todas y a cada una de las personas que han pasado alguna vez a leer alguna crítica, ya sea literaria o cinematográfica, que dieran también una oportunidad a mis palabras. Palabras que, en este caso relacionadas con algún objetivo particular, os han ayudado a decidir qué libro leer o qué película ver. Vosotros, con vuestra confianza, me habéis ayudado aún más a seguir creando. A seguir moviéndome por estos senderos de las letras. 

Así mismo, espero poder avanzaros noticias sobre el día concreto del lanzamiento oficial de lo que ya será mi primera novela en el mercado ("Espejos"), y que algunos ya habéis podido leer tres capítulos en este mismo blog. 

Ojalá y podáis leerlo entero de alguna manera. Ojalá y me comentéis qué os ha parecido, y con qué os quedáis de él. Qué se puede mejorar. Qué se debe corregir. Incluso, qué se debe aplaudir. ¿Por qué no? No hay mejor sueño que el de pensar que gustará. Yo tengo tanta ilusión en este instante, que confío en que os encantará. 

Un saludo a todos, y nos vemos pronto en las librerías (:

De hecho, el lunes 29 de julio, ya podré dar en primicia el nombre de la editorial que me acogerá y representará. Hasta entonces, sería de gran ayuda que dieras al "me gusta" en la página de Facebook -todo suma.

https://www.facebook.com/EspejosMirrors 

¡Mil gracias a todos!

martes, 26 de marzo de 2013

The Descent



Después de varios meses sin sentarme en "la silla", aquí volvemos con energías renovadas. Sí, por fin he terminado mi mayor obra hasta la fecha (¡¡un libro!!) que me ha tenido totalmente absorbido. Pronto os daré más cuenta de ese camino. Ahora nos conlleva otro.

"The Descent" es un subidón en toda regla. Sin tapujos. Sin miramientos. Es una oda al miedo proyectado en una película. Es un sentimiento de agonía y claustrofobia que prácticamente no se aguanta. Desglosemos pues.

Un grupo de mujeres jóvenes deciden hacer espeleología en unas cuevas al oeste de un lugar cualquiera -presumiblemente Reino Unido- para animar a una de ellas tras la pérdida de su marido. Tras animarla a que coja sus bártulos y se apunte al carro, el grupo de seis mujeres se adentra desde el inicio en una espiral de acusaciones -o egos- que vienen muy bien durante el metraje para estar alerta. Nada es lo que parece, ni siquiera tus amigas de toda la vida lo parecen... Lamentablemente, los acontecimientos giran pronto en un sinfín de malos movimientos, que consciente o inconscientemente, guían al grupo a una cueva inexplorada y oscura donde los malos augurios no han hecho más que empezar, pues las cuevas SÍ están exploradas por unos moradores muy interesantes...

La fotografía de la película es uno de los puntos fuertes para mantener la sensación de ahogo

Con esta original -o no- trama, Neil Marshall se adorna con unos ángulos de cámara bastante interesantes (contrapicados de las muchachas saltando de montaña en montaña, primeros planos donde "cosas" que no esperamos salen de detrás de las tinieblas, etc.). La habilidad del director inglés es de sobra contrastada para estos campos técnicos. Especialmente bien conjuntados con la elegante y compleja fotografía de Sam MacCurdy -habitual de Marshall en todas sus films-, los planos secuencia otorgan al espectador un grado de pertenencia al sufrimiento que vienen muy bien para no despegar los ojos del televisor.

Claustrofobia. Sí, y mucha. El grado de ahogo que se siente durante el visionado prácticamente asola al espectador. La tensión del momento está muy bien llevada. Las actrices hacen un trabajo bastante digno, teniendo en cuenta que ninguna es especialmente conocida. La conjunción de acontecimientos está muy bien anclada en términos generales -lástima de ese final tan... tan... poco final.

El impacto que la noche eterna de la cueva entrevé hace que debas respirar a conciencia. De veras que algunas escenas están dotadas de una espectacularidad digna de mención. La película, como bien sabemos, mama del terror más clásico de leyendas visuales del tipo ochentero (se me ocurre la categoría del montaje en el "El final de la escalera" como hilo conductor excelente de la historia). La sinrazón, debido a la pérdida de la orientación por parte de las mujeres, se acelera de forma adecuada. Es decir, ni se vuelven locas al principio perdiendo el control, ni se relajan haciendo una fogata esperando a ser rescatadas. Todo lo contrario, se quedan en un término medio que podría categorizarse como realista. Uno se lo cree, y eso ya es mucho decir en este tipo de género.

Los habitantes de la cueva no desean ser usurpados de su descanso...

El caos llama a la puerta con el primer desfallecimiento. El cansancio trae errores. Los errores traen consecuencias. Si añadimos ésto al hecho de que las rencillas interpersonales comienzan a formar parte de las historia, llegamos a un buen puente de unión entre terror y cotidianidad dramática de amistad. Bien ejecutados movimientos de guión (ahora me pierdo, ahora se me rompe la anilla, ahora me quedo atrapada en este hueco, etc.) hacen que, forzados o no, el núcleo de la historia fluya relativamente rápida hasta su desenlace. Ese desenlace... tan frío... tan poco original lastra la puntuación final del film. Y lo hace bastante.

Una vez se descubre el pastel -queridos habitantes violentos de la cueva, calmaos por favor- la cinta alterna momentos brillantes de desasosiego puro con situaciones un tanto extrañas, que desnivelan la anteriormente mencionada credibilidad de los hechos. Lo peor no es eso, ya que en toda película que se tercie hay algunos momentos más creíbles que otros. El problema es que la mayoría de ellos vienen cuando el final se aproxima al apeadero. Y eso, cuando el final es tan regular, no es bueno. Nada bueno.

Pese a ello, los primeros sesenta y cinco minutos que Marshall ofrece son excelentes. La intrahistoria de los personajes cobra bastante importancia y son contados con acierto. La fotografía y la dirección son sencillamente brillantes. Ni una sola pega. De hecho, todo lo contrario, los primeros compases hacen de "The Descent" una película original y recelosa de olvidar para las memorias menos exigentes, pues contiene algunas escenas bastante llamativas para el género que nos ocupa. 

No obstante, ese dramático y poco rebuscado final desluce el excelente trabajo de los tres primeros cuartos de metraje. No es el fin del mundo. En otras palabras, la película no es un bodrio por culpa de ese descafeinado final. Para nada. Sólo que da rabia saber que podría haber mantenido esa senda de naturismo, drama y terror del principio durante todo el metraje, y no decantarse por el violento choque entre habitantes y mujeres sólo porque sí. Aún así, sólo por los factores positivos que aquí se comentan, desde luego que merece la pena meter la cabeza en la oscuridad y no sacarla durante noventa minutos. Creedme, si alguien sobrevive y sale a la luz, expulsar el aire a la vez. Os sentiréis aliviados.

domingo, 6 de enero de 2013

28 Semanas Después


¡Por fin! Por fin encontré el tiempo necesario para escribir sobre esta maravilla de film. En un día como el de hoy (de Reyes según dicen), os doy la crítica de lo que para mi es la reina de las películas de terror. Todo en su conjunto es un acierto. No sobra ni un segundo del metraje, todo lo contrario, quizá le falte.

Secuela de la no menos brillante (aunque ligeramente inferior) "28 días después" donde Juan Carlos Fresnadillo, director canario que el año pasado estrenó una elegante y clásica "Intruders", suple tras la cámara a Danny Boyle. Alentado por la crítica internacional, los trabajos del director londinense no me terminan de llenar del todo. En "28 días después" consiguió dar un giro a su artística forma de crear cine, y esta vez sí, tengo que admitir que ese toque tan británico adecentó la intensidad y la pausa de la primera parte.

Comparativa. Dada la obviedad de que Danny Boyle estuvo involucrado en el proyecto de la secuela que comentamos, el cerebro humano tiende a comparar productos que, por parecidos, no tienen nada que ver el uno con el otro más allá del hilo conductor que los une: una historia brutal de valores humanos perdidos. 

Lejos de zombies, monstruos y locura, está la perdición del ser humano como persona. La cinta tiene momentos memorables que la han convertido en un clásico del género de terror. Sin duda para mi, la mejor película de terror echa hasta la fecha (lo siento "El Exorcista", algún día llegaría ese momento), y no es poco decir. Un anhelo de humanidad que deambula por el metraje hasta hacer al espectador claudicar, y terminar confesando que somos aún animales. Somos seres que buscan su egoísta beneficio sin mirar atrás. Perfecto ejemplo de estas palabras es el arrollador e impresionante comienzo del film. Visualmente impactante, verdaderamente memorable. Ya mencionado en este blog, Don (Robert Carlyle, "Full Monty") ejecuta la acción primaria del instinto humano: sobrevivir. Con muchas ganas de contar qué sucede, y sin poder hacerlo para que lo veáis vosotros mismos, los ocho primeros minutos de la cinta dejan helada la sangre del más valiente. Un bombazo de secuencia. De lo mejor para quitar el hipo, sin duda.

¿Os suena esta imagen? 
Mejor que no echéis un vistazo al resto del blog si no habéis visto la peli aún

Clichés rotos. Precisamente Robert Carlyle, de sobra conocido por su papel protagonista en "Full Monty", rompe las barreras de la interpretación. Se acabó poner su cara al striptease y al humor que rodeó su consagración como artista internacional. En este rol de padre sufridor, Robert otorga al espectador la empatía-o la rabia- necesaria para seguir sus pasos hasta el por qué de su -mezquina- reacción. En otras palabras, el actor británico porta sobre sus hombros la gran mayoría de responsabilidad visual en la película. Un juicio de valor imparable que le losa durante TODO el metraje. Es una especie de análisis que le señala durante los cien minutos de duración, y donde por supuesto, sale fortalecido de su extrema actuación.

La antesala al inicio de la demencia no se hace tanto de esperar, como sí sucede en la primera parte. Aquí el director canario se remanga desde el principio, poniendo los pies en el barro desde el minuto uno. Se agradece. Sin duda que se agradece. La tensión acumulada durante ciertas escenas no se calma con los típicos interludios más blanditos, básicamente porque no existen tales. El dinamismo que Fresnadillo otorga a las escenas ejerce una presión en el espectador que va en considerable aumento con la carga visual. ¿Sangre? ¿Efectos especiales? A todo sí, pero de forma justa. La violencia forma parte del ser humano, y como tal, debe aparecer en un mundo post-apocalíptico donde muertos veloces se levantan por culpa de un virus y moran a su libre antojo por un vacío Londres (atención a las tomas de la ciudad vacía. Impresionantes). Por lo tanto, no podemos decir que es una película para estómagos sensibles, pues no lo es, pero ciertamente, se puede ver con una bolsa al lado, por lo que pueda pasar...

La desdicha de los iracundos infectados es morar sin rumbo

Hay varias opiniones negativas que he leído en otros sitios sobre el flojo guión y la mala elección de actores, dando un sobresalente, casi único, al apartado técnico. Os animo a que seáis vosotros los que decidáis, porque no hay mejor manera de entender las opiniones que entrecruzarlas con las de uno mismo. De igual modo, seguro que todo es digno de mejora, ya que no existe la película perfecta. Incluso en nuestras favoritas, nosotros, como espectadores ajenos, hubiéramos cambiado "esto" por "aquello", pero lamentablemente no podríamos hacer una película todos juntos, así que esto es lo que queda. Intentemos disfrutarla.

Apartados técnicos y visuales aparte -a mayor presupuesto, mejores medios-, la colorida fotogafía y los rápidos y sofocantes movimientos de cámara (guiño a la primera parte) hacen de "28 semanas después" una película top. Una horda de sensaciones extremas donde la condición humana se pone en duda. Unas situaciones donde el velo de esperanza para encontrar una cura se desliza sobre la pantalla. La puerta queda abierta para una tercera secuela, es posible, pero la crítica social ya está hecha desde esta segunda parte. La  sustancia de la posible cura secunda los dotes dramáticos a la última -y brutalmente violenta- parte del metraje, donde el desenlace comienza con el intento de reconstrucción tras el oásis de cordura al que el mundo se ve envuelto. 


En definitiva, estamos ante un derroche visual y violento de choque. Una dósis de autoconciencia ante el mundo que quién sabe cuando, nos tocará vivir. Un mundo donde las personas abandonan ese estatus y se convierten en meros supervivientes dentro de la espiral de caos perenne que asola el cosmos. La concepción de humanidad y la moralidad de nuestros seres afines queda en entredicho en sólo cien minutos. Las migajas que sembramos son recogidas individualmente. Nadie más es gobernante de su vida. Ahora serás tú el que gobierne la tuya. Si quieres vivir, corre...

sábado, 8 de diciembre de 2012

Luna Sangrienta



Cuenta la leyenda que la luna trae consigo la maldad más absoluta y etérea de todas las perceptibles. Dicen la luna ha engendrado monstruos en el útero de mujeres humanas. La Diosa de las brujas por excelencia, más conocida como Hécate, fue una devota de la luna e iba acompañada por una jauría de perros infernales, que la guiaban para sembrar al mundo de impiedad.

Muchas son las leyendas que el astro muerto nos ha ido otorgando a lo largo de la historia de la literatura. Muchos son también los dichos de mal fario que se le atribuyen. "La cara oculta de la luna", ese lugar que nunca se ve, que no deja nada a la vista, puede hacer residir el mayor mal jamás encontrado.


El gran Ramsey Campbell se sitúa otra vez varios pasos adelante en cuanto a calidad narrativa con respecto a otros autores más famosos, pero sin duda, menos prestigiosos que el inglés de Liverpool. Haciendo un tributo elegante de un genio del género como es H.P. Lovecraft, Campbell sitúa el onírico mundo de criaturas y deidades diabólicas de otro mundo en el contemporáneo norte de Inglaterra. La influencia con respecto al autor norteamericano es sustancial, como así lo son las enfermizas criaturas que se alimentan de la luna para catalizar a la eternidad de la oscuridad.


La extensión de la novela es incalculable. No sólo por el número de páginas, que es bastante mayor que cualquier otra de sus obras, sino por el complejo catálogo de personajes que aparecen en ella. Entre el vaivén de máscaras, Diana Kramer puede considerarse como el principal. La jóven, maestra norteamericana que viene a trabajar a la pequeña aldea de Moonwell (interesante juego de palabras en inglés), empieza a impregnarse de las particularidades de la pequeña zona rural que la ocupa. Con el paso del tiempo, su escepticismo, relacionado con el culto a la luna, las costumbres extrañas de los aldeanos y el confuso entorno -donde el pueblo queda sumido en tinieblas entre árboles, se va disipando, creando un vínculo perdido entre la realidad vecinal y lo que verdaderamente sucede en aquel pueblo.


Los bosques mencionados en el párrafo anterior tienen una importancia clave en el desarrollo de los acontecimientos durante la novela. Al parecer, el nombre del pueblo "Moonwell" (algo así como "pozo lunar", si separamos cada significado aparte), deriva de una mastodóntica marmita de granito rodeada de por unos brezales, en lo alto del monte. Con la brillante narrativa descriptiva del autor inglés se puede percibir que por grandes que los muros sean, la profundidad de aquel cráter no se nota ni con la mayor luz solar. Impresionante el papel de la oscuridad en el libro. Inmejorable la capacidad descriptiva del autor inglés.


No obstante, la complejidad de la novela no permite contar bien los detalles que lo acontecen. Es tanta la información, los personajes y sus interacciones, que el lector puede perderse en varias ocasiones, quedando una sensación de sobrecarga de información. Aún así, recuerdo haber pasado miedo -contexto realista aparte- leyendo las situaciones rocambolescas que la tiranía y el fanatismo religioso dejan entrever en una sociedad moderna cualquiera. Ahí entra el papel del fanático religioso que sume al pueblo en la más estrecha soledad: Godwin Mann. El predicador, lava el cerebro a la mayoría de la gente, queriendo mostrar el gran poder del Dios lunar. Para ello, acampa cerca de los brezales para estar cerca de su deidad. En un momento de demencia, decide descender a la gigante marmita para comprobar la fuerza espiritual de su creencia. Lo que encontrará ahí abajo no se resuelve con una camisa de fuerza...


Narración. De nuevo, la piedra angular del autor brilla con luz propia. Quizá no sea esta última la mejor metáfora, pues el pueblo es sepultado en la más tenebrosa oscuridad en un momento dado de la novela. Gracias a la prosa tan cuidada -a veces demasiado detallista- y algo pesada del inglés, la ambientación se convierte en un hervidero de eficaz terror. La gente huye despaborida hacia ningún lado, pues nadie puede abandonar el pueblo. Algo no permite la huída. Algo siniestro y puro, la maldad más absoluta. La que más hambre tiene...


Los terroríficos sucesos aumentan en intensidad a partir de la segunda mitad de la novela. Y cuando lo hacen, no dejan títere con cabeza. La acción, -especialmente desde la aparición de Mann en su vertiente más fanatista- aleja el halo de realidad y cordura que Diana intenta mostrar, cambiándolo por un horripilante maná de maldad. La meticulosidad con la que Campbell cuenta lo que sucede es tremendamente efectiva. Lenta, densa, pero firme y muy fluida, el ser humano abandona toda esperanza, las relaciones entre personajes se quiebran, y la oscuridad -bendita oscuridad- se apodera de todo el rencor de la sociedad.


Para el final de la novela, es prácticamente seguro que el lector no recordará más de tres o cuatro personajes -de los cientos que aparecen en algún momento-, pero lo que es indudable es que la sensación de agonía relatada se quedará impregnada en la corteza cerebral. Ramsey Campbell es un genio de la descripción. Tiene un don para ubicar al hombre en el plano más controvertido de la conducta humana, y junto con los movimientos de la luna, algo místico, mágico, inmortal, aparece de la nada. Como nada quedará al terminar de leer esta magnífica oda a la falta de luz. 


martes, 4 de diciembre de 2012

Insidious



Ya tenía ganas de ver la nueva criatura del creador de "Saw", el australiano James Wan. Después de "Sentencia de muerte" (2007), que dejó una sensación bastante agridulce, nos llegaba una visión más clasicista del mito de los fantasmas y las posesiones. El legado de este director está impregnado de esa esencia insalubre y meticulosa. Esa sensación lúgubre -con una fotografía muy oscura- no nos abandona en todo el metraje. Cuidadoso en los detalles. Elegante en el manejo de la cámara. Un buen director.

Pero no todo es el monte es orégano, lamentablemente. En este caso, Wan se olvida de la característica principal que le dio la fama que ahora tiene: la sorpresa. "Insidious" es una película correcta, empecemos por el principio. No ofende a la vista -aunque algunos diálogos chirrían en el oído- y mantiene la tensión necesaria para llegar a un final bastante decente. Sin embargo, la sensación de irregularidad no nos abandona durante todo el metraje. Ahondemos en ella pues.

Josh (Patrick Wilson) y Rena (Rose Byrne) son una pareja común instalada en una gran casa a las afueras de cualquier ciudad americana. Viven apaciblemente sus vidas con tres hijos. De repente, uno de ellos entra en un trágico proceso comatoso que mantiene a la familia en vilo. A su vez, coincidiendo con tan desgraciado accidente -pelín forzado- una serie de actividades paranormales les invaden, sin tener claro qué pertenece a la realidad y qué es producto de su imaginación.

Los padres se ven forzados a pedir ayuda "profesional" ante las dudas.

Bajo esta masticada premisa, la acción se sitúa principalmente en las reacciones morales y sentimentales de la pareja protagonista. Ellos, intentan -que no es poco con esos diálogos tan poco eficientes- sujetar la credulidad del espectador con algunos clichés tanto de género, como de "género", es decir, el típico hombre incrédulo ante lo que ve; la típica mujer paranóica que da su brazo a torcer al primer jarrón roto por el aire. Es una pena que el guión  sea la parte menos consistente de la peli, porque hubiese aumentado sus posibilidades de convertirse en un clásico. De momento, se va a quedar en el intento, pese a que la segunda parte está en marcha.

La primera media hora del metraje es prescindible a todas miras. Sale a cuentas ponerse a hacer un caldito de cocido en este frío invernal, que sentarse a ver esos treina minutos. Absolutamente innecesarios. Totalmente mejorables. Si se aguantan estos "preliminares", la verdad es que la acción aumenta la dósis de sustos, apariciones y cuidados decorados, que, gracias a Dios, mejoran la nota final. Lo hacen tanto, que casi deja un buen sabor de boca cuando su demente y rápido final llega a puerto. Hasta que empiezan a pasar cosas en la casa, el espectador se ve torturado por algunos comentarios rarísimos que la pareja tiene que solventar como puede. De veras, hay algunas partes de los diálogos que mantienen que son sonrojantes. Me recuerda al "mejor" Shyamalan...


Mejoría. A partir de aquel despropósito, la cinta se concentra en lo que debe ser una película de terror. Y lo hace bastante bien. De hecho, es una pena que el principio lastre tanto el sentimiento de conexión con la pareja protagonista, pero bueno, no se puede hacer nada. A partir de ese punto, la acción se blinda ante el escepticismo. Es tanta la carga de tensión, que el visionado no permite un descanso. Los sustos, eso sí, son justitos, pero muy, muy bien conseguidos. Lo mejor de la película, sin duda, es la ambientación. La sensación de que algo malo va a suceder en cualquier momento -especialmente en el último cuarto- es notoria. Aquí sí tenemos que decir que Wan hace un trabajo realmente convincente en la dirección, pues tiene varias imágenes bastante escalofriantes, haciendo que el espectador esté en constante tensión. 

La oscuridad y la lúgubre luz dan una atmósfera tétrica al film

Poco a poco, la hemorragia de incertidumbre se dispara. Como decimos, los últimos quince minutos son sobrios. Son perfectos. Una vez descubierto lo que pasa -para el que lo haga- el desarrollo es un filón de situaciones bizarras, oscuras y dantescas, que a buen seguro darán lo que un espectador exigente reclama en este tipo de films. Los seres que aparecen y desaparecen están muy bien caracterizados. Su aparición es bastante original, y su función no reside en inquietar, sino en asustar, lo cuál se agradece (especial atención a la secuencia de los espejos; qué tendrán los espejos que tanto inquietan...).

En resumen, "Insidious" es una cinta decente. Deslucida en su primer tercio, decente en su intermedio, y muy bien conseguida en su parte final. Tamaña irregularidad en el guión acorta la vida de su originalidad final, pero por suerte, el cerebro es listo. Seguro que sólo nos dejará las imágenes que más nos sugieren. Nos quedarán esas risas diabólicas y ese "boom" de acontecimientos que se suceden continuamente durante el desenlace, cuajando una apetecible caída del telón. En marcha "Insidious II", pero no cantemos victoria, porque repite guionista... 

sábado, 1 de diciembre de 2012

Secuestrados (Kidnapped)



No se me ocurre mejor forma de empezar el fin de semana del derbi (maldito fútbol: tanto nos da, tanto nos quita) que hablar del sentimiento que el mismo acontecimiento nos ofrece: Estamos secuestrados.

Miguel Ángel Vivas, director sevillano que ya sorprendió a la esfera cinematográfica con el brillante corto rodado en Portugal (y con actores portugueses) "I'll see you in my dreams" (2003), se aferra a otro largometraje bastante interesante, siempre en progresión y muy bien dirigido. Tras su -relativamente- interesante trabajo anterior, "Reflejos" (2001), el sevillano confía su suerte en una cinta muy poco comercial, quizás poco original pero muy bien llevada y muy directa. Planos cortos en su gran mayoría, y fijos para observar la escena con todo su esplendor. Implacable. Estridente por momentos.

La premisa de la no sorpresa en cine no es beneficiosa, ni lógicamente lastra una película. Partiendo de esa base, diremos que "Secuestrados" no se resume en lo que vende, sino en los eventos que suceden hasta catar el resultado final. En otras palabras, tanto por el título como por el comienzo, sabemos el tipo de película que vamos a ver. Hasta ahí todo correcto. Sin embargo, cuando la cinta arranca de manera tan ágil, y prácticamente no cesa con una hemorragia de imágenes tan sugerentes, las sensaciones son positivas. Como decíamos, unos planos muy bien presentados y un elenco de actores que acceden al mundo propuesto de una forma nada desdeñable, otorgando al film la categoría de sorpresa, que sin duda es un adjetivo interesante en el plano cine de esta década.

Sí, la historia es sencilla. Simple. Una familia de alto standing se acaba de mudar a una casa enorme a las afueras de una gran ciudad cualquiera. Con las trifulcas típicas familiares (la madre no deja a la hija salir a una fiesta, problemillas entre el propio matrimonio, soledad, etc.) en medio de la mesa, la primera noche viene marcada por el asalto frenético y violento -muy violento- de una cuadrilla de ladrones con bastante decisión. La familia, acorralada, se verá obligada a hacer algo. No sabemos qué vía optará por escoger: la sumisa o la activa. Pero no lo sabemos porque yo no diré nada hasta que la veáis... 

Manuela Vellés en plena secuencia cinemática, grabada en tiempo real

La intensidad del film y su brutalidad son dos de los ejes que mantienen la tensión en el espectador. A todas miras, el papel más melancólico y empático reside en la actriz que más arriba se ve maniatada por uno de los ladrones: Manuela Vellés. Grandísimo papel el de la guapa actriz, que adquiere tintes dramáticos en la parte final de la película. Fernando Cayo hace el rol de padre sumiso que, a veces, por el exceso de celo a dar todo el dinero a los cacos, pone en peligro a la familia con intervenciones más o menos incoherentes. Pero en general, actúan de acuerdo a los cánones que exige un metraje tan enfermizo como este.

Realismo. Quizá pueda parecer un tanto descabellado el hecho de que tres ladrones utilicen tantísima violencia para conseguir dinero. ¿O no?. La sensación de piedad queda reducida al mínimo en un par de escenas que dejan un malestar perenne e inmortal en el espectador. Dichas sensaciones no hacen sino intensificar la agonía de una familia que no espera tamaña crueldad. Los tres actores ofrecen al espectador una ágria disputa entre la moralidad y el exceso. La conciencia de los que quedan en la casa traspasa el umbral de raciocinio humano, y se convierte en un amasijo de desesperación y observación. Esta última característica viene dada por la longitud tremenda de algunos planos, que lejos de alejar, acercan la cruel intesidad y saña con la que los ladrones ejercen su voluntad para con la dupla de mujeres (especial atención a la secuencia del televisor, justo abajo).


Rozando el delirio, algunas desasosegantes secuencias se alargan quizás demasiado, contraen los músculos del espectador y sobre todo, otorgan a las diapositivas de una virtud tan merecida como desdeñable: la violencia explícita. No apta para estómagos sensibles, no tanto por la cantidad de sangre, que puede ser justa, sino más por la sensación de opresión y incomodidad que algunas escenas pueden mostrar.

Alarmar a un jurado de un festival de cine de género, da muestras de la crueldad y el sadismo de la cinta. El problema reside en la capacidad del espectador para sufrir tamañas vejaciones. No todos los cuerpos están preparados para esto, y por ello, la película puede hacerse algo redundante en cuanto a lo que demasiadas secuencias críticas se refiere. Si no hay problema con lo anterior, la cinta es disfrutable. Sádica y brutal, pero disfrutable como ejercicio de entretenimiento al fin y al cabo. Con películas así, el cine fantástico español está llegando poco a poco a poder considerarse como eficaz.