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domingo, 25 de noviembre de 2018

Regresamos

Buenas a todos y todas,

Después de cuatro años dedicado a cualquier menester, vuelvo a la palestra para contaros novedades tanto de mis aventuras literarias -donde ando embarcado en mi cuarta novela-, como con las reseñas de películas o libros que puedan ser recomendadas.

¡ Nos vemos pronto !


martes, 29 de octubre de 2013

Otro medio se hace eco de "Espejos"

Gracias a nuestros amigos de "Librotecando", que han hecho una gran puesta en escena de lo que la novela pueda llegar a ser, "Espejos" tiene nueva mención en las redes.

Ya podéis echar un ojo a su interesante blog, donde multitud de aspectos literarios son tratados. Además, existe una eficiente muestra de autores noveles y consagrados en forma de reseña. 

¡Muchas gracias!

http://librotecando.blogspot.com.es/2013/10/novedades-literarias-espejos.html

¡Un mes nada más!

¡Menos de un mes!

Será en la "Casa de Zamora" de Madrid. Calle Tres Cruces 12 (Metro Gran Vía - es una calle paralela a Montera). Las puertas se abrirán a las 18:05 de la tarde del día 
30 de Noviembre 


Ojalá podáis asistir todos, lectores y amigos, pues será un bonito recuerdo y un orgullo saber que me habéis apoyado en esta aventura.


¡Un abrazo!

P.D.: Aquí os dejo el enlace oficial, por si queréis apuntaros a él 


miércoles, 2 de octubre de 2013

Presentación de "Espejos"

¡Buenas a todos!


Tengo el inmenso placer de anunciaros que la presentación de la novela tiene por fin fecha y lugar.


Será en la "Casa de Zamora" de Madrid. Calle Tres Cruces 12 (Metro Gran Vía - es una calle paralela a Montera). Las puertas se abrirán a las 18:05 de la tarde del día 
30 de Noviembre 


Ojalá podáis asistir todos, lectores y amigos, pues será un bonito recuerdo y un orgullo saber que me habéis apoyado en esta aventura.


¡Un abrazo!

P.D.: Aquí os dejo el enlace oficial, por si queréis apuntaros a él 


jueves, 12 de septiembre de 2013

Primera Mención como Autor


Desde la bella Huelva, me acaba de llegar una mención muy especial como autor. El equipo de "Reflejo de Sentimientos" ofrece una breve biografía y un resumen de "Espejos" para ir abriendo boca antes de su publicación -allá por Noviembre de 2013.

Muchas gracias a Leticia por su tiempo, espero que la obra guste tanto como el interés que has mostrado tú.

Echad un ojo a su interesante blog, que habla de todo el espectro del arte: poemas, pintura, literatura, etc.

De igual modo, os dejo el enlace directo donde aparece la información que a mi respecta.


reflejodesentimientos.blogspot.com

domingo, 6 de enero de 2013

28 Semanas Después


¡Por fin! Por fin encontré el tiempo necesario para escribir sobre esta maravilla de film. En un día como el de hoy (de Reyes según dicen), os doy la crítica de lo que para mi es la reina de las películas de terror. Todo en su conjunto es un acierto. No sobra ni un segundo del metraje, todo lo contrario, quizá le falte.

Secuela de la no menos brillante (aunque ligeramente inferior) "28 días después" donde Juan Carlos Fresnadillo, director canario que el año pasado estrenó una elegante y clásica "Intruders", suple tras la cámara a Danny Boyle. Alentado por la crítica internacional, los trabajos del director londinense no me terminan de llenar del todo. En "28 días después" consiguió dar un giro a su artística forma de crear cine, y esta vez sí, tengo que admitir que ese toque tan británico adecentó la intensidad y la pausa de la primera parte.

Comparativa. Dada la obviedad de que Danny Boyle estuvo involucrado en el proyecto de la secuela que comentamos, el cerebro humano tiende a comparar productos que, por parecidos, no tienen nada que ver el uno con el otro más allá del hilo conductor que los une: una historia brutal de valores humanos perdidos. 

Lejos de zombies, monstruos y locura, está la perdición del ser humano como persona. La cinta tiene momentos memorables que la han convertido en un clásico del género de terror. Sin duda para mi, la mejor película de terror echa hasta la fecha (lo siento "El Exorcista", algún día llegaría ese momento), y no es poco decir. Un anhelo de humanidad que deambula por el metraje hasta hacer al espectador claudicar, y terminar confesando que somos aún animales. Somos seres que buscan su egoísta beneficio sin mirar atrás. Perfecto ejemplo de estas palabras es el arrollador e impresionante comienzo del film. Visualmente impactante, verdaderamente memorable. Ya mencionado en este blog, Don (Robert Carlyle, "Full Monty") ejecuta la acción primaria del instinto humano: sobrevivir. Con muchas ganas de contar qué sucede, y sin poder hacerlo para que lo veáis vosotros mismos, los ocho primeros minutos de la cinta dejan helada la sangre del más valiente. Un bombazo de secuencia. De lo mejor para quitar el hipo, sin duda.

¿Os suena esta imagen? 
Mejor que no echéis un vistazo al resto del blog si no habéis visto la peli aún

Clichés rotos. Precisamente Robert Carlyle, de sobra conocido por su papel protagonista en "Full Monty", rompe las barreras de la interpretación. Se acabó poner su cara al striptease y al humor que rodeó su consagración como artista internacional. En este rol de padre sufridor, Robert otorga al espectador la empatía-o la rabia- necesaria para seguir sus pasos hasta el por qué de su -mezquina- reacción. En otras palabras, el actor británico porta sobre sus hombros la gran mayoría de responsabilidad visual en la película. Un juicio de valor imparable que le losa durante TODO el metraje. Es una especie de análisis que le señala durante los cien minutos de duración, y donde por supuesto, sale fortalecido de su extrema actuación.

La antesala al inicio de la demencia no se hace tanto de esperar, como sí sucede en la primera parte. Aquí el director canario se remanga desde el principio, poniendo los pies en el barro desde el minuto uno. Se agradece. Sin duda que se agradece. La tensión acumulada durante ciertas escenas no se calma con los típicos interludios más blanditos, básicamente porque no existen tales. El dinamismo que Fresnadillo otorga a las escenas ejerce una presión en el espectador que va en considerable aumento con la carga visual. ¿Sangre? ¿Efectos especiales? A todo sí, pero de forma justa. La violencia forma parte del ser humano, y como tal, debe aparecer en un mundo post-apocalíptico donde muertos veloces se levantan por culpa de un virus y moran a su libre antojo por un vacío Londres (atención a las tomas de la ciudad vacía. Impresionantes). Por lo tanto, no podemos decir que es una película para estómagos sensibles, pues no lo es, pero ciertamente, se puede ver con una bolsa al lado, por lo que pueda pasar...

La desdicha de los iracundos infectados es morar sin rumbo

Hay varias opiniones negativas que he leído en otros sitios sobre el flojo guión y la mala elección de actores, dando un sobresalente, casi único, al apartado técnico. Os animo a que seáis vosotros los que decidáis, porque no hay mejor manera de entender las opiniones que entrecruzarlas con las de uno mismo. De igual modo, seguro que todo es digno de mejora, ya que no existe la película perfecta. Incluso en nuestras favoritas, nosotros, como espectadores ajenos, hubiéramos cambiado "esto" por "aquello", pero lamentablemente no podríamos hacer una película todos juntos, así que esto es lo que queda. Intentemos disfrutarla.

Apartados técnicos y visuales aparte -a mayor presupuesto, mejores medios-, la colorida fotogafía y los rápidos y sofocantes movimientos de cámara (guiño a la primera parte) hacen de "28 semanas después" una película top. Una horda de sensaciones extremas donde la condición humana se pone en duda. Unas situaciones donde el velo de esperanza para encontrar una cura se desliza sobre la pantalla. La puerta queda abierta para una tercera secuela, es posible, pero la crítica social ya está hecha desde esta segunda parte. La  sustancia de la posible cura secunda los dotes dramáticos a la última -y brutalmente violenta- parte del metraje, donde el desenlace comienza con el intento de reconstrucción tras el oásis de cordura al que el mundo se ve envuelto. 


En definitiva, estamos ante un derroche visual y violento de choque. Una dósis de autoconciencia ante el mundo que quién sabe cuando, nos tocará vivir. Un mundo donde las personas abandonan ese estatus y se convierten en meros supervivientes dentro de la espiral de caos perenne que asola el cosmos. La concepción de humanidad y la moralidad de nuestros seres afines queda en entredicho en sólo cien minutos. Las migajas que sembramos son recogidas individualmente. Nadie más es gobernante de su vida. Ahora serás tú el que gobierne la tuya. Si quieres vivir, corre...

sábado, 8 de diciembre de 2012

Luna Sangrienta



Cuenta la leyenda que la luna trae consigo la maldad más absoluta y etérea de todas las perceptibles. Dicen la luna ha engendrado monstruos en el útero de mujeres humanas. La Diosa de las brujas por excelencia, más conocida como Hécate, fue una devota de la luna e iba acompañada por una jauría de perros infernales, que la guiaban para sembrar al mundo de impiedad.

Muchas son las leyendas que el astro muerto nos ha ido otorgando a lo largo de la historia de la literatura. Muchos son también los dichos de mal fario que se le atribuyen. "La cara oculta de la luna", ese lugar que nunca se ve, que no deja nada a la vista, puede hacer residir el mayor mal jamás encontrado.


El gran Ramsey Campbell se sitúa otra vez varios pasos adelante en cuanto a calidad narrativa con respecto a otros autores más famosos, pero sin duda, menos prestigiosos que el inglés de Liverpool. Haciendo un tributo elegante de un genio del género como es H.P. Lovecraft, Campbell sitúa el onírico mundo de criaturas y deidades diabólicas de otro mundo en el contemporáneo norte de Inglaterra. La influencia con respecto al autor norteamericano es sustancial, como así lo son las enfermizas criaturas que se alimentan de la luna para catalizar a la eternidad de la oscuridad.


La extensión de la novela es incalculable. No sólo por el número de páginas, que es bastante mayor que cualquier otra de sus obras, sino por el complejo catálogo de personajes que aparecen en ella. Entre el vaivén de máscaras, Diana Kramer puede considerarse como el principal. La jóven, maestra norteamericana que viene a trabajar a la pequeña aldea de Moonwell (interesante juego de palabras en inglés), empieza a impregnarse de las particularidades de la pequeña zona rural que la ocupa. Con el paso del tiempo, su escepticismo, relacionado con el culto a la luna, las costumbres extrañas de los aldeanos y el confuso entorno -donde el pueblo queda sumido en tinieblas entre árboles, se va disipando, creando un vínculo perdido entre la realidad vecinal y lo que verdaderamente sucede en aquel pueblo.


Los bosques mencionados en el párrafo anterior tienen una importancia clave en el desarrollo de los acontecimientos durante la novela. Al parecer, el nombre del pueblo "Moonwell" (algo así como "pozo lunar", si separamos cada significado aparte), deriva de una mastodóntica marmita de granito rodeada de por unos brezales, en lo alto del monte. Con la brillante narrativa descriptiva del autor inglés se puede percibir que por grandes que los muros sean, la profundidad de aquel cráter no se nota ni con la mayor luz solar. Impresionante el papel de la oscuridad en el libro. Inmejorable la capacidad descriptiva del autor inglés.


No obstante, la complejidad de la novela no permite contar bien los detalles que lo acontecen. Es tanta la información, los personajes y sus interacciones, que el lector puede perderse en varias ocasiones, quedando una sensación de sobrecarga de información. Aún así, recuerdo haber pasado miedo -contexto realista aparte- leyendo las situaciones rocambolescas que la tiranía y el fanatismo religioso dejan entrever en una sociedad moderna cualquiera. Ahí entra el papel del fanático religioso que sume al pueblo en la más estrecha soledad: Godwin Mann. El predicador, lava el cerebro a la mayoría de la gente, queriendo mostrar el gran poder del Dios lunar. Para ello, acampa cerca de los brezales para estar cerca de su deidad. En un momento de demencia, decide descender a la gigante marmita para comprobar la fuerza espiritual de su creencia. Lo que encontrará ahí abajo no se resuelve con una camisa de fuerza...


Narración. De nuevo, la piedra angular del autor brilla con luz propia. Quizá no sea esta última la mejor metáfora, pues el pueblo es sepultado en la más tenebrosa oscuridad en un momento dado de la novela. Gracias a la prosa tan cuidada -a veces demasiado detallista- y algo pesada del inglés, la ambientación se convierte en un hervidero de eficaz terror. La gente huye despaborida hacia ningún lado, pues nadie puede abandonar el pueblo. Algo no permite la huída. Algo siniestro y puro, la maldad más absoluta. La que más hambre tiene...


Los terroríficos sucesos aumentan en intensidad a partir de la segunda mitad de la novela. Y cuando lo hacen, no dejan títere con cabeza. La acción, -especialmente desde la aparición de Mann en su vertiente más fanatista- aleja el halo de realidad y cordura que Diana intenta mostrar, cambiándolo por un horripilante maná de maldad. La meticulosidad con la que Campbell cuenta lo que sucede es tremendamente efectiva. Lenta, densa, pero firme y muy fluida, el ser humano abandona toda esperanza, las relaciones entre personajes se quiebran, y la oscuridad -bendita oscuridad- se apodera de todo el rencor de la sociedad.


Para el final de la novela, es prácticamente seguro que el lector no recordará más de tres o cuatro personajes -de los cientos que aparecen en algún momento-, pero lo que es indudable es que la sensación de agonía relatada se quedará impregnada en la corteza cerebral. Ramsey Campbell es un genio de la descripción. Tiene un don para ubicar al hombre en el plano más controvertido de la conducta humana, y junto con los movimientos de la luna, algo místico, mágico, inmortal, aparece de la nada. Como nada quedará al terminar de leer esta magnífica oda a la falta de luz. 


sábado, 1 de diciembre de 2012

Secuestrados (Kidnapped)



No se me ocurre mejor forma de empezar el fin de semana del derbi (maldito fútbol: tanto nos da, tanto nos quita) que hablar del sentimiento que el mismo acontecimiento nos ofrece: Estamos secuestrados.

Miguel Ángel Vivas, director sevillano que ya sorprendió a la esfera cinematográfica con el brillante corto rodado en Portugal (y con actores portugueses) "I'll see you in my dreams" (2003), se aferra a otro largometraje bastante interesante, siempre en progresión y muy bien dirigido. Tras su -relativamente- interesante trabajo anterior, "Reflejos" (2001), el sevillano confía su suerte en una cinta muy poco comercial, quizás poco original pero muy bien llevada y muy directa. Planos cortos en su gran mayoría, y fijos para observar la escena con todo su esplendor. Implacable. Estridente por momentos.

La premisa de la no sorpresa en cine no es beneficiosa, ni lógicamente lastra una película. Partiendo de esa base, diremos que "Secuestrados" no se resume en lo que vende, sino en los eventos que suceden hasta catar el resultado final. En otras palabras, tanto por el título como por el comienzo, sabemos el tipo de película que vamos a ver. Hasta ahí todo correcto. Sin embargo, cuando la cinta arranca de manera tan ágil, y prácticamente no cesa con una hemorragia de imágenes tan sugerentes, las sensaciones son positivas. Como decíamos, unos planos muy bien presentados y un elenco de actores que acceden al mundo propuesto de una forma nada desdeñable, otorgando al film la categoría de sorpresa, que sin duda es un adjetivo interesante en el plano cine de esta década.

Sí, la historia es sencilla. Simple. Una familia de alto standing se acaba de mudar a una casa enorme a las afueras de una gran ciudad cualquiera. Con las trifulcas típicas familiares (la madre no deja a la hija salir a una fiesta, problemillas entre el propio matrimonio, soledad, etc.) en medio de la mesa, la primera noche viene marcada por el asalto frenético y violento -muy violento- de una cuadrilla de ladrones con bastante decisión. La familia, acorralada, se verá obligada a hacer algo. No sabemos qué vía optará por escoger: la sumisa o la activa. Pero no lo sabemos porque yo no diré nada hasta que la veáis... 

Manuela Vellés en plena secuencia cinemática, grabada en tiempo real

La intensidad del film y su brutalidad son dos de los ejes que mantienen la tensión en el espectador. A todas miras, el papel más melancólico y empático reside en la actriz que más arriba se ve maniatada por uno de los ladrones: Manuela Vellés. Grandísimo papel el de la guapa actriz, que adquiere tintes dramáticos en la parte final de la película. Fernando Cayo hace el rol de padre sumiso que, a veces, por el exceso de celo a dar todo el dinero a los cacos, pone en peligro a la familia con intervenciones más o menos incoherentes. Pero en general, actúan de acuerdo a los cánones que exige un metraje tan enfermizo como este.

Realismo. Quizá pueda parecer un tanto descabellado el hecho de que tres ladrones utilicen tantísima violencia para conseguir dinero. ¿O no?. La sensación de piedad queda reducida al mínimo en un par de escenas que dejan un malestar perenne e inmortal en el espectador. Dichas sensaciones no hacen sino intensificar la agonía de una familia que no espera tamaña crueldad. Los tres actores ofrecen al espectador una ágria disputa entre la moralidad y el exceso. La conciencia de los que quedan en la casa traspasa el umbral de raciocinio humano, y se convierte en un amasijo de desesperación y observación. Esta última característica viene dada por la longitud tremenda de algunos planos, que lejos de alejar, acercan la cruel intesidad y saña con la que los ladrones ejercen su voluntad para con la dupla de mujeres (especial atención a la secuencia del televisor, justo abajo).


Rozando el delirio, algunas desasosegantes secuencias se alargan quizás demasiado, contraen los músculos del espectador y sobre todo, otorgan a las diapositivas de una virtud tan merecida como desdeñable: la violencia explícita. No apta para estómagos sensibles, no tanto por la cantidad de sangre, que puede ser justa, sino más por la sensación de opresión y incomodidad que algunas escenas pueden mostrar.

Alarmar a un jurado de un festival de cine de género, da muestras de la crueldad y el sadismo de la cinta. El problema reside en la capacidad del espectador para sufrir tamañas vejaciones. No todos los cuerpos están preparados para esto, y por ello, la película puede hacerse algo redundante en cuanto a lo que demasiadas secuencias críticas se refiere. Si no hay problema con lo anterior, la cinta es disfrutable. Sádica y brutal, pero disfrutable como ejercicio de entretenimiento al fin y al cabo. Con películas así, el cine fantástico español está llegando poco a poco a poder considerarse como eficaz.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Moon



Duncan Jones. Interesante nombre, del cuál el olvido tardará en echar cuentas. El cine británico -aunque no es tan ligero y bello como antes- sigue dando al género de la ciencia-ficción un emblema con el que sujetarse. Un blasón donde posarse cuando todo está hecho, o todo está visto. Un punto de vista tan interesante, como diferente. Un acierto.

Con una idea muy preconcebida de lo que una película del espacio debe ser, el maravilloso guión de Jones y Nathan Parker sujeta y elabora un dossier de incertidumbre que, sin golpes de efecto ni criaturas espaciales, hace que el espectador comience a viajar rumbo a un mundo desconocido de emociones. Por suerte, aún se pueden hacer films sin tener en cuenta el presupuesto. Jones, cuya dirección es magistral, otorga a la atmósfera toda la importancia, todo el peso de la cinta, que junto con un inspirado Sam Rockwell, forman parte de un bienio inseparable de virtudes.

El espíritu retro de la cinta, así como con un rollo 'peli en blanco y negro' no hace sino ayudar aún más al elemento desolador de vivir durante tres años en el espacio. Justo cuando los tres años del contrato firmado están a punto de expirar, la razón y la locura se apoderan del protagonista por un elemento no esperado. La sinópsis no evalúa la soledad de un astronauta, pues toda película de ciencia-ficción ambientada en el espacio debe conllevar dicho cliché, pero en este caso, beneficia el valor de una idea. La revaloriza.

El aislamiento hace que el umbral de la locura se haga más evidente

Cuando un ser humano queda enclaustrado en una nave espacial, sin la familia, sin contacto humano de ningún tipo -excepto por un robot que ayuda al mencionado sufridor- y con la cuenta atrás que supone el firmar un contrato de trabajo, cualquier parecido con la realidad es discutible. Aquí es donde entra el gran trabajo interpretativo de Sam Rockwell. El actor británico desmonta su habitual coraza para darnos una sublime actuación, llena de matices y carente de fallos. Moviéndose por cuidadosos y efectistas decorados, la vida de Sam -curiosamente llamado igual en el film- se tambalea entre emociones y desasosiegos varios. El mismo vídeo familiar, donde el hijo y la mamá mandan fuerzas al superviviente, el jefe que insinúa que todo va bien, cuando es obvio que algo comienza a torcerse, etc. Sea lo que sea, nada le hace abandonar su misión. Ni las lágrimas, ni la sorpresa final parecen poner fin a la capacidad de supervivencia del astronauta.  

La rutinaria vida en el interior de la nave es otro acierto de Jones. Ya no sólo por el hecho de mostrar al espectador detalles imperceptibles, pero útiles para observar el deterioro humano, sino para avasallarlo con los mismos. En otras palabras, cuando un zumo se vierte en una nave... (ya me entenderéis), nada vuelve a ser lo mismo.


Detallismo. Es otra de las palabras clave para mantener la intriga, ya que, ante la evidente falta de acción dinámica, la acción estática es la que sustenta al desarrollo de los acontecimientos. Y es que la total falta de movimiento en algunas escenas inquieta mil veces más que unos movimientos de cámara infernales o un monstruo que aparece de la nada. La apatía de los sucesos se acartona en la pantalla, pero los detalles siguen apareciendo, la sensación de que la trama avanza poco a poco, engancha más que un rápido giro de guión. Ya es tarde para mirar atrás, pues el espectador permanece enquistado en el interior de la nave. Formamos parte de la expedición; y dudo que podamos escapar con vida hasta el final. Al menos, hasta el maravilloso final que Duncan Jones nos ha preparado...