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sábado, 15 de diciembre de 2018

Reseña #11


                                                   LA MUJER TRAS EL VELO

Acerca del autor: 
Álvaro Navas es un escritor perdido entre palabras desde que era niño. Su afición por la lectura se vio incrementada por la inmersión lingüística que su carrera (Filología inglesa) le ofreció, conjuntamente su experiencia en viajar por su imaginación. Tanta inquietud le ha llevado a vivir dos años en Irlanda, hecho que le ha encumbrado a seguir a autores tan aclamados de aquellas tierras como son Bram Stoker o Sheridan Le Fanu, entre otros. Es autor de más de diez ensayos, una tesis doctoral e incluso un blog de cine llamado La Silla de la Penumbra, donde multitud de reseñas cinematográficas han tenido lugar debido a su gran afición al séptimo arte. En el apartado literario, Álvaro Navas tiene tres obras en su haber: Espejos (Entrelíneas Editores, 2013) y Paraíso Denegado (Entrelíneas Editores, 2014), ambas llegando a una segunda edición y estando presentes en la Feria del Libro de Madrid en los sucesivos años, más la flamante ganadora del certámen «Corcel Dorado» (2016) Oscuridad, el más reciente giro de tuerca al género de este autor donde la expresión máxima de la claustrofobia y la supervivencia se dan de la mano en un mundo de sombras perenne. Con su visión para sugerir atmósferas tensas sin necesidad de recurrir a la sangre, Álvaro Navas proyecta situaciones de extremo instinto. Los personajes se ven expuestos a pruebas constantes para superar los envites de la oscuridad y, por ende, volver a ver la luz del sol que otorgue el grado de salvación tan deseado. Si consigues que la luz no se apague, habrás logrado arañar un segundo de vida estancado en un mundo de destrucción y amenaza. ¿Volverás a ver la luz del sol? 
[Sinopsis, información e imágenes de Esdrújula Ediciones] 

Reseña: 
Nos encontramos con Ainara, mujer de origen árabe pero que no profesa esa religión y que lleva una vida de joven, soltera y moderna. Y de hecho, el libro nos permite ver con total claridad cómo es dicha vida: clases de salsa, amistades varias, profesora de inglés apreciada tanto por alumnos como compañeros y un posible romance incipiente nada más comenzar la novela. Pero de repente, un día, recibe una nota en su casa que le dice que no es quien cree ser. Aunque al principio no se lo toma en serio, empiezan a suceder cosas más extrañas, entremedio de las cuales casi siempre acaba habiendo un factor común: una mujer que se esconde tras un velo. Todo ello provoca que Ainara se cuestione si lo que sucede a su alrededor es la mala suerte de ser una víctima de acoso escogida al azar, o bien tiene que ver con ese pasado que dejó atrás hace tiempo y que ha quedado bien enterrado en las catacumbas inescrutables de su memoria. 

Escrito en tercera persona, en La mujer tras el velo Ainara es la protagonista indiscutible, ya que se nos cuenta su historia y casi siempre se habla desde su perspectiva. Aún así, en algunos momentos Navas da voz a otros personajes. Esto en general me ha parecido bien porque proporciona una visión más completa, salvo en un caso. Llegado un momento, los capítulos se intercalan entre Ainara y su amiga Ester hasta que, de repente, esto deja de suceder y nos quedamos sin saber cuál ha sido el destino de la amiga. Es verdad que luego reaparece, pero lo hace en pleno clímax de la historia, con lo que no hay momento para explicaciones. Y aunque no cueste intuir qué le sucedió, y puede que a otros lectores no les pase, yo he echado de menos saberlo de forma explícita. 

Para desengranarnos esta historia, Álvaro Navas utiliza un estilo muy trabajado en muchos sentidos. Por un lado, hace un uso de metáforas e imágenes que me ha impresionado por su creatividad y originalidad, y consigue plasmar los sentimientos de los personajes con mucha fuerza. Además, tiene una capacidad de combinar el lenguaje literario y formal con expresiones más coloquiales que provocan un contraste digo de mención. Sobre todo a la hora de escribir los diálogos y pensamientos, su naturalidad los hace muy realistas, muy vivos. Del mismo modo, ofrece un gran repertorio de conocimientos tanto culturales (historia, literatura…) como de las ciudades por las que nos lleva a lo largo de la novela (en La mujer tras el velo no sólo paseamos por Madrid, sino que también viajamos al País Vasco y a la maravillosa Roma), que también contrasta con alusiones esporádicas a una cultura más undreground, o “friki”, que para mí siempre es un punto a favor. En todos estos sentidos, he disfrutado mucho del libro. Sin embargo, ese deleite ha quedado un poco ensombrecido por un par de detalles: por una parte, Navas usa el recurso de las elipsis verbales con maestría pero, para mí, acaba abusando de él, con lo que en algunos momentos se me ha llegado a hacer pesado. Por otra, a lo largo de la novela he encontrado bastantes laísmos, y no en los diálogos, donde podría entenderlo, sino cuando hablaba el narrador. Estoy segura de que para otros lectores no será un problema, pero a mí, que he trabajado de correctora, soy profesora (lo que equivale a una obsesa de la corrección) y, además, vivo en una zona donde se tiende más al leísmo… se me ha hecho raro. 

Cambiando un poco de tercio, a nivel de trama también he tenido mis altibajos. Al principio me enganchó enseguida, pero luego perdí un poco el interés porque se centraba demasiado en explicar el día a día de Ainara y yo estaba deseosa de más “chicha”. Sin embargo, la historia volvió tomar ritmo conforme avanzaba para llegar a un final trepidante. Y sorprendente, tanto en lo que es el final de la aventura de Ainara, como las pocas páginas que hay después y que conforman el cierre. Además, con dicho final terminan quedando atados algunos cabos que para mí estaban quedando sueltos, tales como ciertos aspectos que no me cuadraban del todo, reacciones de la protagonista que no acababa de comprender o ciertas coincidencias que me parecían sospechosas. Por otra parte, este mismo final es el que ha hecho que me planteara un par de nuevos “cabos sin atar” que, me temo, quedarán sin responder salvo que haya una secuela de la novela, pero que no puedo comentaros sin evitar spoilers. Eso sí, si sois de los que les gusta leer las últimas páginas o líneas de un libro antes de acabarlo, en este caso no lo hagáis, porque podéis fastidiaros toda la gracia. 

Por todo esto, he de decir que pesar de mis “peros”, es un libro que he disfrutado, motivo por el cual le doy tres estrellas. Gracias de nuevo a Álvaro Navas y a Esdrújula ediciones por enviarnos el ejemplar. Ha sido un placer leerlo. 

Lo mejor: el estilo narrativo del autor. El final original. 

Lo peor: algunas erratas y laísmos. Altibajos en el ritmo de la historia.

Deberías leerlo si te gustan las historias de intriga.


Sabor a Tinta



martes, 27 de noviembre de 2018

Hereditary (2017)



¡Buenas tardes, penumbr@s!

Volvemos a la carga, como no podía ser de otra manera, con lo que, para mi, es la mejor película de terror de los últimos quince años (ahí es nada la exageración).

Recuerdo haber ido al cine a verla el día mismo del estreno (22 de junio de 2018), justo antes del examen de la oposición -¡qué mejor manera de afrontarlo que perturbar la mente con cine de terror!- y saber que había sido la mejor idea para relajar los nervios. Fue una total catarsis que me hizo dormir sin mirar debajo de la cama, aunque con cierta intranquilidad en el ambiente que ahora explicaré.

La polémica sobre su 'alta alcurnia' viene siempre por los mismos caminos: "Si esto ya lo hemos visto", "no sorprende" o el no menos famoso, "no cuenta nada nuevo". Todo es aceptable, pues para gustos, los colores. Lo que es innegable es la calidad técnica de la cinta, el hedor a muerte y tensión que se desprende desde los primeros compases y no te suelta, y la magnífica dirección de Ari Aster, un primerizo no tan primerizo -luego amplío.

El papel de Milly Saphiro sorprende -y mucho.

¿Qué es el terror? Quizás con la siguiente definición la polémica sobre algo tan poco tangible como la posibilidad de recibir daño ayude a percibir el tono de la película de otro modo. Para mi siempre hubo un robusto muro entre "miedo" y "terror"; el primero, reside en la cualidad del ser humano para percibir un peligro (ejemplo: "creo que alguien ha entrado en mi casa"), crea desasosiego y anticipa algo que va a llegar, inminente. Sin embargo, el segundo, conlleva la explosión de lo que ya habíamos anticipado, llevándonos al extremo de la pérdida de control y equilibrio (ejemplo: "Ese alguien que creí percibir en mi casa viene con un hacha directo hacia mi").

Por lo tanto, cuando alguien se siente a ver esta película ha de tener en cuenta que, quizás no tenga tanto de lo segundo como de lo primero. Es decir, es un drama psicológico que te mantiene en vilo, no tanto por enseñar, sino por sugerir. Aster tiene una cualidad que le encumbra para este género: la meticulosidad de las imágenes bañadas en una onírica cascada de destrucción. Porque, ¿qué hay más terrorífico que el resquebrajamiento de una familia bien avenida? Nada.

Ese es, sin lugar a dudas, el punto más fuerte de esta película. Si además añadimos que el elenco actoral eleva al máximo su partitura coral, el cocktail implosiona en nuestro cerebro como una olla a presión. Con dulzura, con delicadeza, incluso con exasperante lentitud en algunos tramos, pero todo tiene su sentido. Es necesario. El director juega con nosotros como si fuésemos colegiales. Hemos mamado el género desde que éramos niños -los más fans lo defenderán- y ahora estamos vendidos ante una oleada de imágenes y situaciones que harán temblar al espectador más avenido en estas lides.

Si no le dan un Oscar a Toni Collette por este papel...

Como os decía antes, la calidad de la cinta no versa solo en un elenco estelar. Los ángulos de cámara cuasi imposibles del director impregnan la atmósfera con un halo de vehemencia y desgracia que hace que no puedas cerrar la boca ante lo que ven tus ojos. 

El poder de la imagen elevado a la enésima potencia. Y es que este Aster no es nuevo del todo en estas cuestiones (tiempo atrás había estado metido en publicidad y eso se nota en el lado creativo del americano), su capacidad para dejarnos mal cuerpo con silencio es impresionante. Debido al fuego lento de su cocción, para cuando lleguemos al final, estaremos completamente a su merced. Desearemos que esa sensación se marche de nuestro lado y no vuelva a aparecer más. Es lo mejor que nos puede pasar si queremos dormir en los siguientes diez días.

Otro punto muy a favor de su visionado y de cómo no desfallecer en el intento es, sin duda, la sensación de que el dolor es inevitable. Esa terrible fusión de drama familiar de extrema y cortante tensión hasta el clímax intenso e in crescendo de sus aterradoras imágenes -vuelvo a incidir en esos ángulos maestros que no deberían ser dignos de un discípulo y que no se te irán de la mente. La función del director colinda perfecta y sobradamente con esta última cuestión: la enfermiza relación tormentosa de una familia avocada al desastre y la mente perversa de un director que tiene muy, muy clara cuál es su función. No le interesa decorar el terror con golpes de sonido -por fin-, sino con imágenes monstruosas de una situación inesperada. Un aliciente que, pese a lo horrible que es, desarbola la poca coherencia que le restaba al núcleo familiar.

El fuego redentor; el último paso hacia el desfiladero de la montaña

"Hereditary", en resumen, con empaque suficiente como ente individual como para dar lo mejor de los últimos años; pero, si fuese necesario, de forma colectiva -con tantos guiños a lo mejor del cine de terror de los últimos treinta años- ofrece un respetuoso y digno "refrito" -con su toque personal- de otras maravillas ya realizadas. Es importante clarificar que no vamos a ver lo mismo, solo que la calidad y la ejecución técnica y artística es tan grande que, pese a sonarnos familiar, no llegaremos a tildarlo de copia. Es más, diría que se acerca más a una modernización de ciertos clásicos en un compendio impredecible de ruina y dolor. Y es que ya lo decía Vito Corleone: "La familia...".

Lo mejor: La ingente cantidad de imágenes evocadoras. Su calidad en todos los sentidos.
Lo peor: La posible lentitud para espectadores exigentes. Pensar que es una película de terror al uso y perdernos el concepto tan embriagador que sugiere.