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jueves, 12 de septiembre de 2013

Primera Mención como Autor


Desde la bella Huelva, me acaba de llegar una mención muy especial como autor. El equipo de "Reflejo de Sentimientos" ofrece una breve biografía y un resumen de "Espejos" para ir abriendo boca antes de su publicación -allá por Noviembre de 2013.

Muchas gracias a Leticia por su tiempo, espero que la obra guste tanto como el interés que has mostrado tú.

Echad un ojo a su interesante blog, que habla de todo el espectro del arte: poemas, pintura, literatura, etc.

De igual modo, os dejo el enlace directo donde aparece la información que a mi respecta.


reflejodesentimientos.blogspot.com

sábado, 27 de julio de 2013

REC 3 (Génesis)


Tercer episodio de la popular saga REC. La verdad es que el registro ha cambiado totalmente. Y así su escisión de dos directores. Paco Plaza dirige esta joya -un tanto friki- en solitario; mientras que Jaume Balaguerò hará lo propio con la cuarta (y última) historia, que esperemos arroje un final digno de su innovación.

Después de haber leído multitud de críticas, donde los respetables espectadores preveían un "más de lo mismo", el director valenciano se desmarca de la cámara en mano, para dejarnos una más tradicional filmación. Primer cambio, un acierto, ya que después de dos partes muy parecidas, hubiera tendido a ser ese "aún más de lo mismo" que vetaron los detractores.

Partiendo de la premisa más pura que el cine, dio, da y dará, que es el entretenimiento, esta cinta lo consigue con creces -y vaya si lo consigue. El problema, que por otro lado es el de siempre, es que la gente se hace una idea errónea del producto que van a ver. Ha pasado tantas veces ("pues vaya chasco, yo pensé que "Señales" iba a ser como el Sexto Sentido), que ya no supone ninguna sorpresa. Y en efecto, "Señales", es una cinta magistral del Shyamalan que ya no tendremos nunca más, pero, NO es una peli de terror. Nadie la vendió nunca como tal. Nadie dijo que era "El Sexto Sentido 2". Da igual, los dignos espectadores, obcecados en ver siempre lo mismo, nunca aceptarán la innovación. Peor para ellos. Yo me lo he pasado de lujo con casquería, zombis e incluso una trama de amor en el medio muy bien conseguida.

La locura se instaura en el salón de bodas. Nadie sabe qué sucede.

Pretensiones elucubradas. Claro que sí. ¿Cuánto tiempo hace que no veis una película sin pretensiones? Pensarlo bien. Siempre pasa algo, una opinión cercana, un  blog de cine, una crítica de tal persona, etc. Así no se puede ver cine. El cerebro está hostil, y no quiere cuentas con nadie. Yo siempre he dicho que la cine hay que ir a ciegas, como si fuésemos tontos. No pensar en el probable final, disfrutarlo, dejarnos llevar, empatizar con los personajes. Así, sí se disfrutan las pelis. Precisamente, eso hice yo al ver esta tercera parte de REC -por llamarlo de alguna manera.

Zumo de arándanos. Violencia. Gore a saco. Color rojo por todos los lados. ¿Original? Verdaderamente, no. De hecho, nada de nada. ¿Divertida? Totalmente. Son ochenta minutos frescos. Sólidos.

Si bien es cierto que Plaza apenas revela nada del virus -dos detalles muy, muy sutiles-, ejerce de adalid del espectáculo que un buen cinéfilo siempre querrá ver: Acción. La casquería, como decía antes, es burrísima. Los planos no esconden ni la mitad de la mitad de lo que Plaza deja para la cuarta parte. ¡Es un escándalo! Cuánto echaba de menos este tipo de locuras. Qué mal ha hecho "Braindead"... y qué benditas son todas ellas.

Explosión de rabia y cólera de los infectados. Ya no somos familia...

Los efectos especiales y la barbarie, son exquisitos. Aunque no guste mucho el cine gore -creerme, esta tiene y mucho-, hay que admitir que se pasa un buen rato. Los sustos están poco logrados, y hay alguna situación (como viene repitiéndose en toda la saga) que es bastante predecible. No obstante, cumple su cometido, que no es otro que inquietar. No da miedo, pero es que tampoco es una cinta de terror al uso. Es una peli de zombis de toda la vida. ¿Acaso alguien tiene miedo de ver "La noche de los muertos vivientes"? Exacto, es que no es el mismo tipo de terror. Aquí no hay nada psicológico. De hecho, todo lo contrario, es lo más físico que te puedes echar a la cara -motosierras, cuchillos, lo que sea.

Por eso mismo, la cinta da lo que tiene; y obtiene lo que da, es decir, entretenimiento puro y duro. Como precuela, pues es un poco liviana, pues no arroja luz sobre nada. Si se hubiese titulado de otra forma, todos habrían dicho que es un escándalo. Pero es que la gente tiene la memoria muy fina, y la crítica muy gruesa. Hace tiempo que la novedad abandonó las salas de cine, sino mirar todos los episodios y remakes que hay. Así que, no me voy a poner exquisito con esta. Es decente. Da lo que quiere. Es bruta y gamberra (esos puntitos de humor negro, muy buenos). Las gotas ácidas no te haces desternillarte, claro que no. Pero una sonrisilla, si te gusta este género, esbozas seguro.

A la espera de cerrar el círculo, se sacan conclusiones. Una, Paco Plaza, ha tenido los bemoles de reinventar la saga, cuando ya se alumbraba un pesticida de varias películas iguales. Esto es un "Survival Horror" en toda regla, y se disfruta muy mucho. Dos, la originalidad brilla por su ausencia. Pese al entretenimiento global que otorga, da la sensación de que la tensión se podría haber percutido un poco mejor. Hay demasiada muerte fácil de entrever, y por ello, la tensión decrece un poco. Pese a todo, me da la sensación de que Plaza ha propuesto el juego si importarle mucho la parte de I+D, es decir, te sirve en bandeja lo que se supone que se va a ver: sangre, sangre y sangre. Fuera medias tintas de ángulos espectaculares. El muerto al hoyo y el vivo al bollo.

Grande Plaza

sábado, 20 de julio de 2013

Publicación de mi obra


La escritura; ese arte de llevar la palabra al olvido. De traerla de vuelta con un simple gesto, que no es otro que el de volver a coger aquel libro olvidado de la estantería. En ese preciso momento, todo gira y vuelve. La palestra de colores se reaviva, se surte de los alrededores de la memoria. 

Ese sentimiento es el que se encuentra cuando lees un libro por segunda, tercera vez. Un momento de distancia que se acorta con imágenes que nos sonaban, pero que quedaron atrás en la incertidumbre del que cree que no necesita volver a leer tal documento. Una vez basta.

Gracias a la insistencia, y al buen consejo de algún amigo (tú sabes a quién me refiero, mentor), mi sueño de publicar una novela, se ha convertido en realidad. Saldrá a la luz en octubre -o quizá noviembre, la espera no importa- una parte de mi. Una historia que comenzó en un folio en blanco, y terminó con un punto final. Una historia de la que espero disfrutéis leyéndola, como yo lo hice escribiéndola.

Ahora, vosotros podréis decididr, si queréis, leerla una, dos o incluso mil veces. Lo importante es el hecho de poder tenerla en la estantería con autores de todo tipo: Stephen King, Dean Koontz, Rebecca West... Me dará igual con quién me dejéis. Pero estaré allí. Y eso ilusiona un montón.

Cuando uno se pone a juntar palabras, no sabe hasta donde puede llegar. Quizás, las mismas podrían terminar en la papelera, o quizás, un editor decide que se las puede dar una oportunidad. El segundo camino, evidentemente, es mucho más complicado. No obstante, es el más ratificante. Alguien te está diciendo que confía en tu trabajo. Confía en tu buen hacer. O simplemente, toma los riesgos necesarios porque se ha quedado a medio camino de las anteriores premisas. Da igual.

En fin, desde este blog, quiero agradecer a todas y a cada una de las personas que han pasado alguna vez a leer alguna crítica, ya sea literaria o cinematográfica, que dieran también una oportunidad a mis palabras. Palabras que, en este caso relacionadas con algún objetivo particular, os han ayudado a decidir qué libro leer o qué película ver. Vosotros, con vuestra confianza, me habéis ayudado aún más a seguir creando. A seguir moviéndome por estos senderos de las letras. 

Así mismo, espero poder avanzaros noticias sobre el día concreto del lanzamiento oficial de lo que ya será mi primera novela en el mercado ("Espejos"), y que algunos ya habéis podido leer tres capítulos en este mismo blog. 

Ojalá y podáis leerlo entero de alguna manera. Ojalá y me comentéis qué os ha parecido, y con qué os quedáis de él. Qué se puede mejorar. Qué se debe corregir. Incluso, qué se debe aplaudir. ¿Por qué no? No hay mejor sueño que el de pensar que gustará. Yo tengo tanta ilusión en este instante, que confío en que os encantará. 

Un saludo a todos, y nos vemos pronto en las librerías (:

De hecho, el lunes 29 de julio, ya podré dar en primicia el nombre de la editorial que me acogerá y representará. Hasta entonces, sería de gran ayuda que dieras al "me gusta" en la página de Facebook -todo suma.

https://www.facebook.com/EspejosMirrors 

¡Mil gracias a todos!

domingo, 6 de enero de 2013

28 Semanas Después


¡Por fin! Por fin encontré el tiempo necesario para escribir sobre esta maravilla de film. En un día como el de hoy (de Reyes según dicen), os doy la crítica de lo que para mi es la reina de las películas de terror. Todo en su conjunto es un acierto. No sobra ni un segundo del metraje, todo lo contrario, quizá le falte.

Secuela de la no menos brillante (aunque ligeramente inferior) "28 días después" donde Juan Carlos Fresnadillo, director canario que el año pasado estrenó una elegante y clásica "Intruders", suple tras la cámara a Danny Boyle. Alentado por la crítica internacional, los trabajos del director londinense no me terminan de llenar del todo. En "28 días después" consiguió dar un giro a su artística forma de crear cine, y esta vez sí, tengo que admitir que ese toque tan británico adecentó la intensidad y la pausa de la primera parte.

Comparativa. Dada la obviedad de que Danny Boyle estuvo involucrado en el proyecto de la secuela que comentamos, el cerebro humano tiende a comparar productos que, por parecidos, no tienen nada que ver el uno con el otro más allá del hilo conductor que los une: una historia brutal de valores humanos perdidos. 

Lejos de zombies, monstruos y locura, está la perdición del ser humano como persona. La cinta tiene momentos memorables que la han convertido en un clásico del género de terror. Sin duda para mi, la mejor película de terror echa hasta la fecha (lo siento "El Exorcista", algún día llegaría ese momento), y no es poco decir. Un anhelo de humanidad que deambula por el metraje hasta hacer al espectador claudicar, y terminar confesando que somos aún animales. Somos seres que buscan su egoísta beneficio sin mirar atrás. Perfecto ejemplo de estas palabras es el arrollador e impresionante comienzo del film. Visualmente impactante, verdaderamente memorable. Ya mencionado en este blog, Don (Robert Carlyle, "Full Monty") ejecuta la acción primaria del instinto humano: sobrevivir. Con muchas ganas de contar qué sucede, y sin poder hacerlo para que lo veáis vosotros mismos, los ocho primeros minutos de la cinta dejan helada la sangre del más valiente. Un bombazo de secuencia. De lo mejor para quitar el hipo, sin duda.

¿Os suena esta imagen? 
Mejor que no echéis un vistazo al resto del blog si no habéis visto la peli aún

Clichés rotos. Precisamente Robert Carlyle, de sobra conocido por su papel protagonista en "Full Monty", rompe las barreras de la interpretación. Se acabó poner su cara al striptease y al humor que rodeó su consagración como artista internacional. En este rol de padre sufridor, Robert otorga al espectador la empatía-o la rabia- necesaria para seguir sus pasos hasta el por qué de su -mezquina- reacción. En otras palabras, el actor británico porta sobre sus hombros la gran mayoría de responsabilidad visual en la película. Un juicio de valor imparable que le losa durante TODO el metraje. Es una especie de análisis que le señala durante los cien minutos de duración, y donde por supuesto, sale fortalecido de su extrema actuación.

La antesala al inicio de la demencia no se hace tanto de esperar, como sí sucede en la primera parte. Aquí el director canario se remanga desde el principio, poniendo los pies en el barro desde el minuto uno. Se agradece. Sin duda que se agradece. La tensión acumulada durante ciertas escenas no se calma con los típicos interludios más blanditos, básicamente porque no existen tales. El dinamismo que Fresnadillo otorga a las escenas ejerce una presión en el espectador que va en considerable aumento con la carga visual. ¿Sangre? ¿Efectos especiales? A todo sí, pero de forma justa. La violencia forma parte del ser humano, y como tal, debe aparecer en un mundo post-apocalíptico donde muertos veloces se levantan por culpa de un virus y moran a su libre antojo por un vacío Londres (atención a las tomas de la ciudad vacía. Impresionantes). Por lo tanto, no podemos decir que es una película para estómagos sensibles, pues no lo es, pero ciertamente, se puede ver con una bolsa al lado, por lo que pueda pasar...

La desdicha de los iracundos infectados es morar sin rumbo

Hay varias opiniones negativas que he leído en otros sitios sobre el flojo guión y la mala elección de actores, dando un sobresalente, casi único, al apartado técnico. Os animo a que seáis vosotros los que decidáis, porque no hay mejor manera de entender las opiniones que entrecruzarlas con las de uno mismo. De igual modo, seguro que todo es digno de mejora, ya que no existe la película perfecta. Incluso en nuestras favoritas, nosotros, como espectadores ajenos, hubiéramos cambiado "esto" por "aquello", pero lamentablemente no podríamos hacer una película todos juntos, así que esto es lo que queda. Intentemos disfrutarla.

Apartados técnicos y visuales aparte -a mayor presupuesto, mejores medios-, la colorida fotogafía y los rápidos y sofocantes movimientos de cámara (guiño a la primera parte) hacen de "28 semanas después" una película top. Una horda de sensaciones extremas donde la condición humana se pone en duda. Unas situaciones donde el velo de esperanza para encontrar una cura se desliza sobre la pantalla. La puerta queda abierta para una tercera secuela, es posible, pero la crítica social ya está hecha desde esta segunda parte. La  sustancia de la posible cura secunda los dotes dramáticos a la última -y brutalmente violenta- parte del metraje, donde el desenlace comienza con el intento de reconstrucción tras el oásis de cordura al que el mundo se ve envuelto. 


En definitiva, estamos ante un derroche visual y violento de choque. Una dósis de autoconciencia ante el mundo que quién sabe cuando, nos tocará vivir. Un mundo donde las personas abandonan ese estatus y se convierten en meros supervivientes dentro de la espiral de caos perenne que asola el cosmos. La concepción de humanidad y la moralidad de nuestros seres afines queda en entredicho en sólo cien minutos. Las migajas que sembramos son recogidas individualmente. Nadie más es gobernante de su vida. Ahora serás tú el que gobierne la tuya. Si quieres vivir, corre...

sábado, 1 de diciembre de 2012

Secuestrados (Kidnapped)



No se me ocurre mejor forma de empezar el fin de semana del derbi (maldito fútbol: tanto nos da, tanto nos quita) que hablar del sentimiento que el mismo acontecimiento nos ofrece: Estamos secuestrados.

Miguel Ángel Vivas, director sevillano que ya sorprendió a la esfera cinematográfica con el brillante corto rodado en Portugal (y con actores portugueses) "I'll see you in my dreams" (2003), se aferra a otro largometraje bastante interesante, siempre en progresión y muy bien dirigido. Tras su -relativamente- interesante trabajo anterior, "Reflejos" (2001), el sevillano confía su suerte en una cinta muy poco comercial, quizás poco original pero muy bien llevada y muy directa. Planos cortos en su gran mayoría, y fijos para observar la escena con todo su esplendor. Implacable. Estridente por momentos.

La premisa de la no sorpresa en cine no es beneficiosa, ni lógicamente lastra una película. Partiendo de esa base, diremos que "Secuestrados" no se resume en lo que vende, sino en los eventos que suceden hasta catar el resultado final. En otras palabras, tanto por el título como por el comienzo, sabemos el tipo de película que vamos a ver. Hasta ahí todo correcto. Sin embargo, cuando la cinta arranca de manera tan ágil, y prácticamente no cesa con una hemorragia de imágenes tan sugerentes, las sensaciones son positivas. Como decíamos, unos planos muy bien presentados y un elenco de actores que acceden al mundo propuesto de una forma nada desdeñable, otorgando al film la categoría de sorpresa, que sin duda es un adjetivo interesante en el plano cine de esta década.

Sí, la historia es sencilla. Simple. Una familia de alto standing se acaba de mudar a una casa enorme a las afueras de una gran ciudad cualquiera. Con las trifulcas típicas familiares (la madre no deja a la hija salir a una fiesta, problemillas entre el propio matrimonio, soledad, etc.) en medio de la mesa, la primera noche viene marcada por el asalto frenético y violento -muy violento- de una cuadrilla de ladrones con bastante decisión. La familia, acorralada, se verá obligada a hacer algo. No sabemos qué vía optará por escoger: la sumisa o la activa. Pero no lo sabemos porque yo no diré nada hasta que la veáis... 

Manuela Vellés en plena secuencia cinemática, grabada en tiempo real

La intensidad del film y su brutalidad son dos de los ejes que mantienen la tensión en el espectador. A todas miras, el papel más melancólico y empático reside en la actriz que más arriba se ve maniatada por uno de los ladrones: Manuela Vellés. Grandísimo papel el de la guapa actriz, que adquiere tintes dramáticos en la parte final de la película. Fernando Cayo hace el rol de padre sumiso que, a veces, por el exceso de celo a dar todo el dinero a los cacos, pone en peligro a la familia con intervenciones más o menos incoherentes. Pero en general, actúan de acuerdo a los cánones que exige un metraje tan enfermizo como este.

Realismo. Quizá pueda parecer un tanto descabellado el hecho de que tres ladrones utilicen tantísima violencia para conseguir dinero. ¿O no?. La sensación de piedad queda reducida al mínimo en un par de escenas que dejan un malestar perenne e inmortal en el espectador. Dichas sensaciones no hacen sino intensificar la agonía de una familia que no espera tamaña crueldad. Los tres actores ofrecen al espectador una ágria disputa entre la moralidad y el exceso. La conciencia de los que quedan en la casa traspasa el umbral de raciocinio humano, y se convierte en un amasijo de desesperación y observación. Esta última característica viene dada por la longitud tremenda de algunos planos, que lejos de alejar, acercan la cruel intesidad y saña con la que los ladrones ejercen su voluntad para con la dupla de mujeres (especial atención a la secuencia del televisor, justo abajo).


Rozando el delirio, algunas desasosegantes secuencias se alargan quizás demasiado, contraen los músculos del espectador y sobre todo, otorgan a las diapositivas de una virtud tan merecida como desdeñable: la violencia explícita. No apta para estómagos sensibles, no tanto por la cantidad de sangre, que puede ser justa, sino más por la sensación de opresión y incomodidad que algunas escenas pueden mostrar.

Alarmar a un jurado de un festival de cine de género, da muestras de la crueldad y el sadismo de la cinta. El problema reside en la capacidad del espectador para sufrir tamañas vejaciones. No todos los cuerpos están preparados para esto, y por ello, la película puede hacerse algo redundante en cuanto a lo que demasiadas secuencias críticas se refiere. Si no hay problema con lo anterior, la cinta es disfrutable. Sádica y brutal, pero disfrutable como ejercicio de entretenimiento al fin y al cabo. Con películas así, el cine fantástico español está llegando poco a poco a poder considerarse como eficaz.

sábado, 10 de noviembre de 2012

The Cabin in the Woods (La Cabaña del Bosque)



Lo primero que uno se pregunta cuando ve una película así es, sin duda, ¿el director se ha quedado con la audiencia? ¡Por supuesto!, qué otra respuestra cabría sino. Impresionante ejercicio de ejecución y vacile por partes iguales. Que no se entienda mal, la película no tiene un ápice de aburrimiento, sino todo lo contrario, es una oda al "reirse de sí mismo". En este caso, a reirse del género de terror, pero con un trasfondo terrorífico evidente. Dósis de gore y humor a partes iguales. Desenlace bizarro e inolvidable por otro lado. Al finalizar la cinta, uno sólo puede preguntarse si en Estados Unidos la marihuana es legal...

Desglosemos pues tamaña obra inolvidable. Primero de todo, he decidido no mostrar ni una sola imagen de la peli (lo he hecho en todas menos en esta). Con esto, provoco e intento convencer al lector de que la vea sin más tapujos que la propia carátula (que por cierto animo a echar otra ojeada al finalizar el visionado, y que atónitos lean entre líneas el vacilazo de los creadores). Partiendo de esa base, el texto se basará en la experiencia que un espectador con experiencia en el género, como el que les redacta, haya flipado en colores con la demencia brillante de una idea perfecta.

¿Estereotipos? Claro, tan recurrentes en todas mis críticas, aquí también aparecen, y mucho. Muchísimo. El problema es que pensamos sólo en eso (acierto del film) y luego nos sorprendemos con las vueltas de tuerca sin sentido (o con todo el del mundo) made in Drew Goddard, que sin duda ha mamado del terror durante toda su vida, y que nunca se imaginó poder crear un producto de tantísima calidad.

La temática es sencilla en su esencia, complejísima en su fórmula de desarrollo: Cinco jóvenes se preparan para ir a la cabaña de un familiar del grupo. Cogen cuatro cosas -importantes los bikinis- y camioneta de Scooby Doo en marcha, se disponen a pasarlo en grande (¡Somos americanos!). Al llegar a la misma, algo parecido a Evil Dead sucede, luego avanza ligeramente hasta Viernes 13, para terminar siendo una orgía de cambios de guión absolutamente inimaginables. Terroríficamente brillantes. 

Ojo. Que los dos nombres en cursiva no agraven lo que luego sucede. De hecho, es imprescindible pensar que estamos viendo más de lo mismo. Es lo que quieren los creadores. Es lo que consiguen a todas miras. La sorpresa radica justo ahí. En pensar que hemos visto todo (bendita e ingeniosa portada). Cuando en realidad, no hemos visto absolutamente nada. La cuadrilla avanza, y el "azar" ha ejecutado su mano para que los jóvenes sufran un tremendo acoso por parte de ... bueno, por parte... bien.

En un alarde de imaginación terrible. Goddard crea un hilo empático con el espectador en forma de clichés (benditos seáis) post-adolescentes. La idiota, el fumao, el fuerte, el elegante, la virgen... bien. Para cuando hemos sido capaces de repudiar-empatizar con ellos, Goddard nos recrea con una explosión de inverosímiles acontecimientos que nada hacen presagiar lo que el espectador a priori había pensado. Gran acierto. Mejor puesta en escena.

Una de las cosas que más llama la atención es que la cinta no va a ser estrenada en los cines españoles. Hemos tenido la "suerte" de ver en las carteleras "joyas" como Scream 47, Sé lo que hicísteis 16, y esta maravilla de género no tiene cabida. Bravo por el sentido común. De igual modo, y gracias a su perfecta ejecución, la película ha sido un arrollador caballo de batalla exitoso en todos y cada uno de los festivales en los que ha participado. No sólo el espectador de pie ha bendecido este diamante, pues la crítica profesional ha coincidido con el transeunte de a pie, y la conjunción de ambos ha reunido los mejores elogios. Habrá que prestar atención a este joven director, porque lo que ha creado con poco presupuesto y menor repercusión es un éxito. "The cabin in the woods" se ha convertido en la mejor película del año -no me importa el género- y ha quedado por siempre grabadas en las retinas de los espectadores que la han visto.

El re-gusto con el que la historia llega a su fin es dulce como una bolsa de palomitas gigante y agrio como un tomate pocho. Es un boom de sensaciones, es experimental, es vacilona a más no poder, pero respetuosa con los clichés del género. Es feroz. Es un camino triunfal a la sorpresa constante. Es sencillamente una película absolutamente recomendable para verla rodeado de los amigos más gansos, los más serios, los menos analistas, los que piensan antes de que la escena cambie. Es una película que dará que hablar en todos los círculos sociales. Es... en definitiva, un auténtico escándalo.

viernes, 26 de octubre de 2012

Creep



Como decía un buen amigo: "A ver si pones pelis más independientes". Bien. A ver quien conoce ésta...
Y no es una amenaza, todo lo contrario. Es casi un aliciente, porque la película que nos ocupa tuvo un paso delicado por las retinas de los espectadores. En otras palabras, no tuvo mucha repercusión y sufrió una crítica bastante feroz con respecto a la calidad del producto final, que no desmerece en absoluto.

La totalidad de la historia se ciñe y gira sobre la bella actriz alemana Franka Potente (El Caso Bourne), que en una noche de juerga terrible se queda dormida en el andén de una estación cualquiera del metro londinense. Al despertar, con una resaca considerable, observa que todas las salidas están bloqueadas. Cuando el pánico comienza a hacer acto de presencia, lo que parece el último metro de la noche estaciona frente a ella con el aparente alivio que eso supone. Sin embargo, pronto empieza a notar que algo no marcha bien. Primero, porque el vagón está completamente vacío; y segundo, porque al llegar al final del trayecto, la parada nada tiene que ver con su hogar, sino con una red de túneles oscuros que hacen el lugar de cocheras. El problema no es la oscuridad, sino el ser que la gobierna...

Bajo este interesante -y a la vez, poco original trasfondo- da comienzo el viaje por pasadizos lúgubres y oscuridad latente, donde una lograda ambientación hace sumar bastantes puntos al resultado final del film. La realidad es que la cinta recorre varios caminos del género, cumpliendo en su justa medida con todo lo que el espectador quiere ver (escenas violentas, un asesino extraño y sádico, sustos, etc.). No obstante, los clichés son demasiado evidentes en los protagonistas -especialmente en el papel de la actriz alemana, que rubia donde las haya nos estremece con su estupidez demasiadas veces. Pese a estos obstáculos, la calidad de la cinta tiene varios momentos interesantes, que hacen que la película no deba ser vista desde la infravaloración

Kate, haciendo frente como puede al psicópata que descansa entre los túneles de metro

Por un lado, como añadíamos antes, está  la ambientación y la fotografía de alta calidad. Durante la pesadilla que vive la muchacha, nos encontramos una serie de enfermizos pasadizos, con unos tonos grises muy conseguidos, dando el aspecto de agobio que, sin duda, el director quería conseguir. La sensación de inquietud es total. Debido al giro inteligente de cámara, el espectador no lleva a observar de lleno al demente en la primera mitad de la película (lo cuál es un acierto), dotando de planos directos y detallados de la criatura durante la segunda (lo cuál es otro acierto más). Con esta fórmula de pasadizos oscuros y enigma en la identidad del ser que todo controla ahí abajo, Creep camina lenta pero sobriamente hacia una serie de acontecimientos que -quitando los clichés arriba comentados- dotan a la trama de un alto nivel de intensidad.

Por otro lado, resaltan los momentos gore comedidos que el director decidió insertar, y que no parecen gratuitos, teniendo en cuenta la procedencia del ser -que se va destapando durante el metraje. Elegidos con cuenta gotas, pero muy, muy detallistas, las secuencias se solapan con huidas varias de la protagonista, que en algún momento se encuentra con algún secundario que nada extra añade al contenido global, pero que son necesarios para elevar el nivel de "voy a ponerme justo detrás de esta ventana, para que el monstruo me coma". Bien. Clichés. Bien. ¿Necesarios? ... ya no contesto. El caso es que hay varias secuencias bastante logradas, y cuya tensión y silencios atmosféricos hace que el film se sostenga y no decaiga en su principal valor: entretener. (ojo a la escena de la sala de curas. Agonizante). ¿Un quirófano en un metro?. Bien. ¿Clichés?. Bien...

"No me hagas daño por favor. Te prometo que no diré nada..."

En definitiva, una película suficiente en contenido, suficiente en sustos, normalita en cuanto a desarrollo, pero que nada tiene que ver con un desastre cinematográfico. Insisto, de hecho, tiene buenos momentos que hacen que la película pase del cinco -por los pelos, eso sí- y se quede en un intento de algo que hubiera tenido más tirón con algo menos de estereotipos vistos mil veces en otras películas de género.

Aún así, el director inglés Christopher Smith (con mejor mano en Black Death, con Sean Bean) juega bien con la conseguida ambientación y es capaz de crear situaciones de huida y tensión bastante conseguidas. Mención aparte para la moraleja del final, donde el ser humano vuelve a quedar reflejado en todo su explendor... Aceptable, pero no una ruina.

domingo, 14 de octubre de 2012

Cube



Vincenzo Natali, autor canadiense del que nadie oyó hablar jamás, se saca de la manga una película de ciencia-ficción intensa y original como ella sola. Sin actores ni guionistas conocidos, sin muchos medios, y sin el apoyo de una distribuidora, pero con un ingenio incomparable, Cube maneja a la perfección (pese a ciertos errores típicos de una primera cinta) la exasperación y la intriga por saber qué ocurre dentro de ese maldito cubo.

La idea y la sinópsis no puede ser más sencillas: En un cubo gigante lleno de habitaciones, todas ellas iguales exceptuando el color, se levantan de repente varios extraños de lo más variopinto: un policía, un genio matemático, un arquitecto, un doctor, un maestro escapista y un discapacitado. Todos ellos en una habitación diferente, deberán ir avanzando por el laberíntico emplazamiento hasta encontrarse y poder juntos encontrar una salida al maquiavélico juego en el que se han visto involucrados. 

Cuando las leyes de la física no siempre se cumple, cuando en las habitaciones puede pasar de todo, las sospechas comienzan a aparecer. Ya no sólo entre los protagonistas, sino en las propias trampas que yacen en el interior del cubo. Aparentemente brillantes en sus capacidades individuales, la unión de todos no hará sino mantener esa desconfianza que maquilla la intensidad de la película hasta un grado bastante elevado. Atención a la impactante secuencia de inicio. Un acierto y un clásico desde su visionado.


El hecho de que el elenco de actores sea desconocido sólo hace que potenciar el film más aún, pues nada resalta más que la atmósfera y el extraño suceso de verse de repente metido en una plataforma gigante en forma de cubo. Con esta premisa tan sencilla, como decíamos, convence el director canadiense a la audiencia de manera brillante. El aire fresco a serie B y sus decorados sencillos engañan a primera vista, pues parece que veremos una monótona historia donde los personajes no salen del cubo durante todo el metraje. Nada de eso. El ritmo se mantiene ágil desde el chocante inicio hasta el indescriptible desenlace -que lamentablemente vino dado como un filón para hacer hasta cuatro películas más- y no se detiene en medias tintas.

El desánimo se acrecenta cuando las trampas son más complicadas de ejecutar

¿Problemillas? Claro. Siempre hay alguno. Es inevitable en este tipo de cine independiente, de culto podríamos decir. Y es que el guión va diluyendo leve y moderadamente el interés inicial. No es repetitiva, pues cada habitación descubre un mundo de originalidad. Sin embargo, la lentitud por la que a veces es guiada hace disminuir la brillantez del inicio, aunque no lo consigue totalmente con su correcto final.

En definitiva, extraña y bastante original película que se ha quedado grabada en los anales del cine fantástico como un clásico, de corte independiente, pero un clásico al fin y al cabo. Ese punto de cine de autor que va yendo y viniendo en la trama es una correcta visión del mundo matemático y físico, que unido a ciertos estereotipos más comerciales aúna los clichés necesarios para salir adelante de manera sutil. Una película para verla cuando tu miente está inquieta y cansada del cine de palomitas.

jueves, 11 de octubre de 2012

¿Qué es lo que genera terror?



Si tenemos en cuenta la pregunta que anticipa de qué irá este escrito, la respuesta que debe darse sería totalmente particular. No podemos decir que los payasos asesinos dan más miedo que los zombies, ni tampoco que los vampiros dan más temor que un dragón de cuatro metros que escupe fuego. Por tanto, este análisis se mantendrá alejado de los tópicos y se ceñirá en sensaciones; sensaciones que se manejan peor cuanto más cotidiano es el elemento surrealista. Veamos.

El escritor británico Ramsey Campbell ha expuesto siempre que el terror no es una herramienta que pueda crearse a imagen y semejanza de cada persona, sino que debe basarse en hechos que ocurren a todas las personas cada día, y desde ese punto, hacer el giro global que potencia la sensación de temor. Si un hecho cualquiera, como puede ser ir a la compra, se transforma en un amargo trago, todas las personas que lean (si es literatura) u observen (si es una película) dicha secuencia empatizarán con el protagonista de la historia. Y lo harán incluso aunque ir de compras no suponga ningún problema para la persona en cuestión. Sin embargo, la manera de retratar un hecho cotidiano, que nos puede pasar a cualquiera, hace que la mente comience a dudar sobre lo que está pasando, y por tanto, dará paso a la irracionalidad menos consciente, y de ahí se cruzará el umbral de la inquietud o el terror.

Por ello comenzaremos hablando de escenas míticas que han quedado clavadas en nuestra memoria de manera espeluznante, o son consideradas secuencias o historias tremendamente efectistas en el campo que nos ocupa: el terror. 

Misery: Ya analizada en este blog, Misery es el perfecto ejemplo de algo cotidiano que se convierte en una experiencia atroz. Algo tan sencillo como una buena samaritana rescatando de la fría nieve a un hombre cuya salud pendía de un hilo, desata la demencia más absoluta en forma de pesadilla. 


El signo que nos ocupa y que más terror da es, sin duda, la empatía. Tanto en el libro como en la gran película resulta sencillo empatizar con el pobre escritor, que deja claro que la supervivencia de un personaje de ficción queda en segundo plano comparado con la supervivencia de sí mismo. Una de las secuencias mejor conseguidas tiene lugar hacia el final de ambos formatos. 

Anne se percata de que John ha salido de la habitación pese a los dolores. Sus constantes brotes psicóticos han ido al alza durante la novela, pero aquí culminan en el episodio más violento, con diferencia. (SPOILER). Con una ira desatada, llena de cólera y voz agitada, la enfermera coge un serrucho y sin mediación, con un silencio y una frialdad sepulcral, corta el pie derecho de su escritor favorito. Stephen King borda la lenta agonía y frustración que John siente, así como el dolor terrible que una amputación produce en un cuerpo ya de por sí masacrado por el accidente de coche. 

Empatía es el elemento de unión entre el terror y la injusticia que un hecho así delimita. ¿Cómo puede hacer alguien algo así? Esa es la pregunta con la que juega el autor norteamericano para meternos en una burbuja de atrocidades varias, y donde el hecho aislado se convierte en el foco de la inquietud generada tanto por espectador como por lector.

28 Semanas Después: Impresionante película (aún pendiente de análisis) dirigida por el canario Juan Carlos Fresnadillo. Imponente y arrollador inicio donde la familia superviviente de la zona se ve atacada por una horda de no muertos.


El segmento a analizar es la supervivencia. Sin importar que tu familia se quede atrás, Fresnadillo crea una de las mejores secuencias de terror que recuerdo, dotando a la familia de un trasfondo totalmente frágil con respecto a lo que se les viene encima.

El cobertizo queda en el medio de un valle, donde un río blinda al menos uno de los costados de la casa. La familia cena "plácidamente" en el salón improvisado que deben inventar. Tras varios momentos emotivos bien conseguidos: cariños hacia la mujer por parte del protagonista, ánimos de que todo irá bien y de que todos sobrevivirán al holocausto, etc. Fresnadillo comienza a quebrar la unión de los protagonistas cuando de repente, una horda de monstruos coléricos entra a la fuerza en la casa aprovechando la entrada de un niño que yacía desesperado en la calle. Algunos miembros de la familia van quedando atrás por la velocidad de los no muertos, hasta que llega la magnífica y terrorífica secuencia.

Acorralados en una de las habitaciones superiores, el protagonista consigue junto a su mujer llegar a una salida, pero la mujer pide que espere porque el niño queda encerrado en la puerta contigua, que es un baño. Justo en ese instante de división (SPOILER), los zombies irrumpen en la instancia. La imagen es abrumadora, la mujer consigue a duras penas entrar en el baño donde estaba el niño, pero el marido, prefiere ejercer el instinto de supervivencia, cierra la puerta y consigue marchar huyendo hacia el río (momento que relata la imagen superior), dejando a su mujer abandonada a su suerte.

¿Cómo puede alguien abandonar a su esposa en medio del caos? La angustiosa secuencia apenas dura unos ocho minutos, pero es como un golpe en el bajo vientre. Ver al marido correr sin mirar atrás mientras su familia ha sido devorada por monstruos y su mujer encerrada en un baño, son terroríficas. La situación que el marido vive queda aislada por completo. Nadie se agrada de que sobreviva, pues el sentimiento que consigue alumbrar Fresnadillo es la idea de abandono, la situación de frialdad que gobierna un mundo sitiado de criaturas sin piedad.


Son tantas las escenas y situaciones que forman parte de la cotidianidad de nuestras vidas, que cuesta trabajo plasmarlo en una sola palabra. La capacidad de una persona por temer o ser temido se basa en condiciones de pérdida de control racional. Cuando la irracionalidad nos absorbe, no importa nada más. Nuestra mente ya ha decidido que la desconfianza se apodere de nosotros, y por tanto, nuestros sentidos se empiezan a nublar, quedando la sensación de desasosiego en nuestra actitud.

Empatía y supervivencia. Dos de los elementos más versátiles que la condición humana maneja a su antojo. Dos símbolos que independientemente analizados nada tienen que ver con el terror, pero que orientados a la pérdida del control (cotidianidad contra cambio), se perfilan como bastiones del género, y consiguen que el temor nos invada de manera ilógica. 

sábado, 22 de septiembre de 2012

The Walking Dead (Tomo 2-3)



Una vez leídos los dos siguientes tomos, la sensación de brillantez se acrecenta incluso más. ¡Qué pasada de cómics! Si ya con el primer tomo (que recuerdo, es en el que más fiel es la serie) los acontecimientos ocurren de una manera violenta y entretenida, en el segundo particularmente se ha conseguido dar un paso más en el desasosiego de los supervivientes. Otra vuelta de tuerca más dentro de una pesadilla donde la supervivencia se convierte en el único aliado de la razón. No hay perdón, sólo vive.

Antes de hablar del tercero, desglosemos el segundo, lógicamente. Todo un acierto es sin duda, la aparición de Michonne, la dueña de la espada y el don de la ubicuidad. Siempre está cuando se le necesita. Gran acierto ha sido por parte de los productores el incluirla en la tercera temporada de la serie, porque con la segunda... mejor ni hablar. Aparte de tener poco que ver con el brillante segundo tomo que aquí nos ocupa, el resultado dista mucho de ofrecer lo que decían de ofrecer (más fidelidad al cómic y más violenta). Ni lo uno ni lo otro.

El segundo tomo, por tanto, comienza igual que el primero. Una cadena de infortunios hacen que los supervivientes tengan que deambular sin rumbo de aquí para allá. No pueden estancarse en un sitio inseguro y al aire libre, pues los caminantes siempre están al acecho. Lentos, débiles y hasta bobos, pero imprevisibles en sus actos. Sólo buscan comer (el único de los sentimientos -el hambre- donde el cerebro actúa por puro instinto) y tienen que conseguirlo para "sobrevivir".

La desconfianza se adueña de las almas del grupo. Nadie confía en nadie...

Hay dos momentos estelares en este segundo tomo que dignifican el cómic como tal, no sólo en su vertiente más fetichista donde el re-gusto por la lectura en viñetas cobra interés, sino también por el buen hacer de Kirkman a la hora de firmar una historia absorbente a todas luces. La primera, cuando el grupo se encuentra con una granja ocupada por otros supervivientes y al ser aceptados para convivir en ella aparecen las tensiones y la desconfianza en el ser humano (recurrente en la historia como bien decíamos en la crítica anterior). Mientras que la segunda y brutal vivencia tiene que ver con el azar y una nueva huida: El gobernador y su pueblo. 

Ambas partes del tomo son impresionantes. Nunca tardé tan poco en leerme las casi seiscientas páginas que contiene. La crueldad se extiende por todos los dominios que aún quedan libres. La desconfianza se rige en motor de la nueva sociedad; y la demencia se extrapola a los movimientos de las extremidades, estirándose y flexionándose para ejecutar las acciones de las anteriores.

Con la salvaje escena final -con sorpresa y final climático incluido- el libro segundo termina con el ferviente deseo de empezar a leer el tercero. Literalmente hablando, es un puñetazo en la cara del lector, que lejos de caer a la lona, se sobrepone como sea y coge el tercer tomo mostrando respeto pero no miedo por el "rival". Si antes hablábamos de la locura como herramienta única de unión entre los protagonistas, en este tercer acto, los valores sociales son los que se ven totalmente desarraigados a la conciencia humana. La soledad se convierte en pionera de la maldad, así como el uso de la violencia enjuicia a las atrocidades con aún más atrocidad. Literariamente hablando, este tomo es el más rico en cuanto a riqueza de diálogos se refiere. Muy buen guión el firmado por Robert Kirkman.

Y esto no significa que la historia no contenga la violencia necesaria de este tipo de "eventos", sino que se filtra perfectamente con los acontecimientos, dando un paso más profundo a las inmediaciones de los personajes. Conociéndoles más debido a su desesperación por sentirse humanos. Historias dolorosas que se cuentan unos a otros sobre la vida que una vez tuvieron, y que no volverán a tener. La agonía del que cuenta a un semi-desconocido lo que hizo, por qué lo hizo y sus consecuencias en un mundo donde antes hubo leyes y ahora supervivencia.

Las relaciones interpersonales de los protagonistas llegan al summum. Los grupos se separan, unos vigilan aquí, otros investigan allí, y eso sólo hace que la desunión se haga más evidente. Y, por supuesto, que los peligros lleguen de los lugares más insospechados. Nunca estás sólo en estos parajes. 

Definitivamente gran historia la contada por el autor americano, que consigue mostrar de forma efectista como una sociedad de consumo y bienestar se transforma en la debacle y el sinsentido más crudo que uno pueda imaginar. Ambos tomos son sin duda de lo mejor que he leído últimamente. No hay dudas de la calidad de millares de cómics que han ido apareciendo, pero la riqueza de detalle de "The Walking Dead" y sobre todo los diferentes estilos encontrados dentro de los mismos (terror, investigación, aventura, etc) hacen de estos elegantes tomos una lectura obligada para los amantes de la literatura en general, y del cómic en particular. Contemos los días pues para la aparición del cuarto tomo...

viernes, 14 de septiembre de 2012

The Walking Dead (Tomo 1)



Historias de muertos vivientes. Cuántas veces el cine y la televisión nos han brindado con comedores de carne humana con poco cerebro, que, después de muertos, vuelven a la vida para sembrar el caos entre los vivos. Miles, millares quizá. Pero es verdad que la serie de moda, "The Walking Dead" ha conseguido algo interesante: que toda la población eche un vistazo al mundo zombi sin necesariamente ser fans del género que ocupa.

Con el reciente boom del género zombi, Robert Kirkman -creador del cómic original- no se imaginaba el número de ventas tan alto que conseguiría en poco tiempo. Como tampoco creo que creyera que Frank Darabont viniera con varios millones para adaptar su brillante cómic a una serie de muy bella factura técnica, pero endeble en guión y situaciones.

Y es que sí, el cómic es una bocanada de sensaciones, terroríficas sensaciones que ofrecen más terror en las situaciones inhumanas de los supervivientes que en los propios caminantes -como se conocen a los no muertos en las dos plataformas. 

Como decíamos, la serie tiene algo que indudablemente el cómic no puede ofrecer: las imágenes. Es cierto que el cómic está bien dibujado, pero no es lo mismo ver una escena bien conseguida que leerla (maldita sean las veces que miramos lo que sucederá en la página siguiente antes siquiera de leer la primera). Especialmente en su primera temporada (de sólo seis episodios), la serie sigue de forma relativamente fiel los pasos que toman los protagonistas del cómic (salvando lógicas licencias que otorgan más clichés al apartado visual y tendencioso que la televisión tiene). Pero en términos generales, la primera temporada es muy interesante en cuanto a contenidos.

Especialmente impresionante es el apartado gráfico de la adaptación televisiva (aún tengo en la mente la espectacular escena del tanque -inventada con respecto al cómic- o la nada despreciable puesta en escena del camino por la ciudad impregnados de vísceras de muerto). Otro momento dulce e interesante de la serie es sin duda las intrahistorias, que paralelas y complementarias con el cómic, nos dejan en ascuas por saber qué ocurrirá con esas relaciones interpersonales.

Sin embargo, una vez leída la historia entre viñetas, la serie se queda en un notable bajo, pero el tomo que lleva por nombre uno, es sencillamente un sobresaliente. Bien es cierto que los acontecimientos se suceden a una velocidad endiablada (a las tres viñetas, Rick ya ha salido del hospital), y puede dar cierta sensación de poca elaboración, o a lo sumo de elaboración un tanto abrupta. Aunque es justo decir que los cómics tienen también una serie de ritmos que son parte de la esencia de los mismos. Por tanto, mirando el lado bueno de esta opinión, te dan ganas de continuar leyendo sin parar, literalmente "bebiéndote" el cómic. 

"Aquí estamos" Imagen calcada a la que aparece en la serie. ¿Hay alguien ahí?...

Si la serie tiene momentos de crudeza interesantes, pero limitados a la plataforma que es, la televisión, el cómic sin embargo no se guarda ni una licencia, cuenta sin tapujos lo que es la inhumanidad más real. De hecho, Kirkman, su creador, asegura en el prólogo que su historia no debe entenderse por el gore y las vísceras para entender el terror, sino en la pérdida de valores sociales y humanos ante un mundo que se desmorona ante nuestros ojos. Un mundo donde la anarquía y la supervivencia lideran sobre la razón. Una serie de acontecimientos donde la humanidad nada tiene que hacer, es un mundo hecho por y para los más fuertes (querido Darwin, siempre apareces en todas las metáforas de supervivencia). 

Cuando la sociedad está perdida, el ser humano se convulsa. Este apartado queda perfectamente retratado en los diferentes caminos que los supervivientes van eligiendo. Es super interesante observar las relaciones interpersonales de los protagonistas, perdiendo el control por culpa no sólo de los miles de caminantes que hay por las calles, sino por el sentimiento de no pertenecer al mundo. Esa oscura y fría sensación de tener que vivir huyendo de lado a lado porque puedes verte devorado por una horda de seres que no sienten. 

El sinsabor que se percibe en las páginas del cómic no ha sido entendido por la serie, y lamentablemente, queda más expuesta al elemento de serie de terror, más que de supervivencia. Ahí el cómic sale favorecido, beneficiando al lector en su idea de convulsión y colapso humano. Cuando un mundo se resquebraja, un niño de siete años madura con un arma en el bolsillo, y comete errores de bulto por no estar preparado para portar dichas armas. La serie "guarda" más la parte onírica del mundo que tuvimos, y que ahora tenemos, quedando como resultado una decente adaptación. 

No obstante, la eliminación de personajes extremos (Michonne) por parte de la serie (la incluyen por vez primera en la tercera temporada) no hacen sino restarla puntos en la idea de moralidad y supervivencia que comentábamos en las líneas anteriores. Mientras que el cómic presenta millares de personajes envueltos en situaciones de exigencia humana máxima dejando familiares detrás, viéndoles devorados por los caminantes, mientras los supervivientes deben vivir con la carcoma de haber tenido que seguir adelante. 

Son lentos, pero no descansarán jamás...

Verdaderamente increíble la calidad que atesora el primer tomo, y de camino a terminar el segundo (aún más oscuro y violento), puedo decir que el cómic es bastante superior a la adaptación televisiva, y aunque conserve el ritmo veloz y un poco atropellado típico de los cómics consigue que el hambre que tienen los zombis se traspase al lector, y las páginas corren a una velocidad abrumadora, como los mismos acontecimientos que ocupan a los personajes.

Cuando la supervivencia se convierte en el único parámetro medible, la sensación de ahogo y desgobierno permanece latente. La sociedad ha quedado eliminada, la ley no tiene valor, la justicia no entiende de juicios, y el ser humano se ve abocado a la frustración y al abandono de manera quimérica. La utopía de un mundo mejor no se ancla en el presente, sino que pertenece al pasado. 

El futuro es más atroz aún que la propia supervivencia. La inestabilidad de los personajes por pensar en un mundo mejor se aprecia prácticamente cada veinte páginas, y el lector se incrusta en ellas. Decide pasarlo mal con los personajes, porque la empatía de la situación así lo exige. La crueldad de unos seres sin cerebro no es nada comparado al ahogo de una sociedad que ya no existe, que no puede regularse por normas y que, por supuesto, no ayuda a que ese caótico mundo despierte de un letargo lento, pero firme, como los pasos de los caminantes.