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sábado, 22 de junio de 2013

Superman: El Hombre De Acero



Combinación entre Christopher Nolan (guión) y Zack Snyder (dirección). Reapertura de un clásico de todos los tiempos por enésima vez. Conciencia de que la historia será diferente y espectacular a la vez. No creo que haya mejor cocktail para ser mezclado. En efecto, el hombre de acero vuelve. Vuelve con mucha fuerza.

Con una historia ya por todos conocida, se presenta la difícil tarea de devolver el mito a la palestra contemporánea del séptimo arte. ¿Lo habrán conseguido? He aquí el dilema. Sinceramente, y debido a todo el peso del "qué dirán" o del no menos conocido "si lo dice la mayoría será por algo", creo que esta crítica será malentendida por muchos y comprendida por pocos. Sí, en las webs más conocidas el nuevo Superhombre tiene alrededor del ocho de media. Aún así, no podemos confiar en la opinión de la mayoría por el simple hecho de serlo. A veces, sólo la opinión verdadera de un solo individuo, cuenta más que treinta diciendo lo mismo. Para gustos, colores.

Escandalosos giros, violentas y excelentemente ejecutadas escenas de acción, una forma distinta de contar la historia, etc. Estoy de acuerdo en todas y cada una de las premisas anteriores. No hay un sólo frame que se note en la espectacular calidad gráfica del film. Es un espectáculo visual sin precedentes. Las escenas donde la adrenalina y la destrucción de la ciudad se entremezclan no son gratuitas. De hecho, llegan cuando tienen que llegar. Están presentes con todo su esplendor, dando un paso adelante en los momentos donde decae el ritmo del metraje decae (lamentablemente, este hecho ocurre demasiadas veces en mi opinión).

La eterna pareja, busca el amor en el ocaso del mundo

Actores. La grandilocuencia de semejante unión pensadora (Snyder-Nolan), no podía terminar en saco roto. La elección de los actores ha sido acertada en términos generales, excepto en la pareja protagonista, que no destila química alguna. El hecho de haber fallado en la dupla principal, tanto para la trama amorosa como para el desenlace, hace que la película se balancee de manera inestable. 

No obstante, el film se sostiene por sí mismo pese a este grave paso atrás. Es una pena que no haya más afinidad entre ellos para llegar a empacar la historia como debiera, pero bueno. Kevin Costner (padre en la tierra) y la elegante Diane Lane (madre), son los dos principales secundarios que reclaman mejor compostura. Las tablas de ambos no van a ser descubiertas por mi, eso desde luego. Al tiempo, Rusell Crowe (padre alienígena -digámoslo así) y Laurence Fishburne (jefe del periódico "Daily Planet"), también elevan la categoría de los secundarios de auténtico lujo. Sus papeles sustentan el vacío general de ambos protagonistas. El crash, sin duda, es para el antagonista de la historia: Zod. No sólo da la sensación de falta de alma (similar al protagonista), sino que no tiene empaque suficiente para añadir mal alguno a su cliché. Así, es complicado poner en dificultades al protagonista, y por tanto, dotar de sentimientos más dramáticos a la película. Mala decisión.

Vuelvo a concederme la licencia de la opinión personal para esta crítica. Entiendo que a (casi) todo el mundo le chirriará esta crónica (de una muerte anunciada). Y ya lo siento. Pero es que no sólo de grandes actores y brillantes efectos especiales sobreviven las grandes producciones. Hay que exigirles mucho más.

El hilo conductor de la historia decae en múltiples ocasiones. El ritmo lento y poco preciso se acumula en la desazón del espectador. De repente, llega una escena de lucha y destrucción, y parece que remonta el vuelo. Nada más lejos de la realidad. De nuevo, una cadencia en los diálogos diáfanos y poco profundos, devuelven la rutina de bostezo a la sala. Es tremendo cómo de ágil y espectacular la película va de cuando en cuando; y cómo de perezosa e imprecisa se torna durante el otro tanto. Pese al comienzo entretenido e impactante, donde Clark Kent (Henry Cavill), de niño, comienza a preguntarse el porqué de esa extraña e inhumana fuerza, el ritmo se deteriora por completo cuando la acción sale a escena para paliar el vacío de coherencia de la mitad del metraje en adelante. Un sinfín de diálogos y situaciones que nada aportan al avance del film, dan al traste con la excelente e impresionante puesta en escena de la idea. Una idea que no cuaja en historia.

El héroe, complaciente, entiende que debe ser apresado para salvaguardar a la Tierra

148 minutos. Dichosa manía del cine de superhéroes actual de alargar innecesariamente el metraje de las películas. Como si así, de repente, otorgara más espectacularidad y épica al resultado final. Ya sucedió con la tercera parte del hombre murciélago, donde si se hubieran descontado veinte o treinta minutos, la nota habría subido varios enteros. Idéntico camino sigue este hombre de acero. Esos minutos de paja inservible lastran el -de por sí soso- final, y hacen flaco favor al cómputo global de falta de intensidad. Sí, es una falta de pegada terrible, que queda exclusívamente para las batallas y las explosiones -como decíamos, magistralmente diseñadas. 

En resumen, frialdad. Un frío extraño. Unas ganas de ver algo grande, y darte cuenta de que sólo has asistido a un fuego fátuo de explosiones y perfectos efectos especiales -sin duda, lo mejor de la peli. Por contra, esa inestabilidad argumental -que no viene por fallo de guión, sino por carencia de fluidez durante las escenas- disminuye la exigencia de análisis acertado por parte del espectador. 

Una verdadera lástima, porque la idea es concebida como novedosa. Sin embargo, no consigue llenar toda la pantalla con la ilusión necesaria. Esa falta de "cariño", deshace también la propia ilusión del espectador, que observa con lentitud como el reloj de arena va quedándose vacío... como vacíos nos quedamos en la sala. Esa sensación de "le falta algo" es perenne. No se te escapa. Por tanto, es evidente que nuestra memoria no volverá a rememorar ninguna escena de este intento de resucitación -para mi innecesaria- de personajes de cómic. Ya sucedió con Spiderman hace pocos meses. Si el resultado inicial es bueno, ¿por qué se empeñan en crear otro producto con el mismo interior pero con envoltorio diferente? ¿Acaso el ego de los directores americanos les puede? "Esto lo hago mejor yo, seguro".

Tengo plena confianza en las personas, no en la gente. Ejemplo claro es James Wan (Saw). No hizo más que la primera parte, y se marchó honrando su excelente producto. El resto, maravillas NUEVAS, como "Silencio desde el mal", "Insidious" y la futura "The Conjuring". La originalidad como emblema al valor.

viernes, 28 de diciembre de 2012

The Hobbit



Vuelta a la comarca. Por fin llegó la hora de disfrutar del universo Tolkien. Pasados casi diez años desde la sublime "El Retorno del Rey", Peter Jackson vuelve a contar la particular historia del autor sudafricano J. R. R. Tolkien.

Cuando el cine se pone a oscuras, el espectador se sumerge en los bellos parajes de la comarca (rodados como sabréis en Nueva Zelanda), y lo hace de lleno. El esplendor con que Jackson dirije la cámara es puro espectáculo. Los ángulos cenitales otorgan a la dirección de un papel esencial para mantener la frenética escala de aventuras de la película. 

Esencia. Quizá ésta sea la palabra que resume mejor lo que los ciento sesenta minutos de magia proponen. Una especie de vuelta al maravilloso orígen de la anterior trilogía. Mágica a todos los efectos. Y es que la sensación de volver a sentir aquellos parajes, aventuras y diálogos muy fluidos se acrecenta cuando el film se inicia. Esto es bueno, y por desgracia, malo. Por el lado positivo encontramos la certeza de que el mundo elegantemente propuesto por el director noezelandés sigue en pie, y con muy buena forma. Los momentos humorísticos son mayores, la dósis de aventuras prácticamente iguala -o incluso supera- las de las otras películas y el emocionante ritmo no decae en ningún momento haciéndote pasar las casi tres horas como si fueran tres minutos. 
Por contra, y lamentablemente, el cerebro humano tiende a comparar elementos parecidos por muy diferentes que parezcan. Y si lo hacemos aquí, "El Hobbit" tiende a salir ligeramente perjudicado. Sé que es injusto el término "comparación", pero es inevitable. Por culpa del éxito que la anterior trilogía ha bebido, la sensación algo diáfana que queda al finalizar esta primera parte es relativa. No es vacío, no llega exactamente a ser un arrepentimiento -pues la cinta está muy bien hecha, y entretiene mucho-, pero otorga un halo de desilusión gradual, que va creciendo hasta el insulso -y climático, como no podía ser de otra forma esperando dos espisodios más- final. 

La reunión de los poderosos allanará el camino a seguir

Mero entretenimiento. La historia tarda en arrancar, pero lo hace con empuje y colma las ganas de los más puristas con la aparición de Frodo. De hecho, antes de comenzar con el flashback principal, que da vida a "El Hobbit", Bilbo y Frodo coinciden varias escenas durante la preparación de la "despedida" de Bilbo. Es aquí donde el espectador vuelve a sonreír al imaginar todo lo que luego sucederá. Si unimos mentalmente todas las secuencias que quedan en la cabeza, la diversión no nos abandonará en todo el metraje. 

Los cameos son, en general, otro de los puntos fuertes de la película. Sirven para aliviar el exigente lado purista, y suman para el resto de perfiles que vean la cinta. En ambos casos, ver caras conocidas ayuda a mantener ambos universos unidos, y eso nunca puede ser malo. Volvemos a observar a un Saruman "bueno", donde sesenta años antes aún no existía la traición que tuvo lugar durante la trilogía posterior, y esto también está muy bien conseguido, haciendo que te olvides por completo de posteriores trifulcas entre los protagonistas. Esto dice mucho de la atmósfera y del ritmo alto que mantiene en cuanto a tensión y acontecimientos. La película, repito, es muy digna. Pero...

Los graciosos -y estúpidos- trolls, una de las partes más ingeniosos del film 

El humor es, sin duda, uno de los grandes guiños al libro de Tolkien. Perfectamente adaptado, por otra parte, los golpes de humor son seña de identidad durante todo el metraje. El guión firmado por hasta cuatro personas -entre ellos Guillermo del Toro, principal ideólogo de la idea hasta que abandonó el proyecto- está perfectamente asociado al libro -incluso más fiel que la anterior adaptación- y su frescura hace más llevadera la carga de minutos un tanto insustanciales.

Sí, hay demasiados minutos "discutibles". Esta sensación es incómoda, porque el espectador, cuando ve este tipo de aventuras, tiende a querer que los acontecimientos se cuenten con detalle... pero quizás no tanto. La verdad es que no tiene pérdida, todo está contado a las mil maravillas, pero al salir del cine, con sólo abrir las orejas un poco se puede escuchar lo que todos pensamos: ¿Por qué tres películas? En efecto, la opinión que antes contaba es mútua entre los asistentes. Da la sensación de que han querido empacar demasiado durante otras nueve horas (divididas en tres partes), y las trescientas treinta páginas de "El Hobbit" no dan para tanta película. Es obvio, la gallina de los huevos de oro va a funcionar, pero el espectador es inteligente. No se deja amedrentar por números, lo que quiere son hechos. Aquí es donde lamentablemente el film decae ligeramente con respecto a los anteriores. Se han adornado demasiado en detalles bastante banales -sabemos que hay trece enanos, pero, ¿es necesario presentarlos a todos?- Para gustos, los colores, pero yo creo que unos cuarenta minutos totales sobran definitivamente. Esta reducción de metraje innecesario habría dado un impulso al ritmo. No obstante, los productores saben del buen hacer de Jackson, y el dinero volverá a las arcas en mayor cantidad dividiendo entre tres, en vez de entre dos. Pues dos películas habría sido ideal.


Una pena, pero los hechos mandan. Repito y resumo, no es que la película esté mal, no hay arrepentimiento, no deja un vacío perenne, pero honestamente, deja algo que desear. La atmósfera se mantiene -o incrementa-, los paisajes son impresionantes, la música es reveladora y elegante a partes iguales. Todo. Todo en general está bien, pero si lo miramos desde el lado más particular y puro, que es el visionado, podremos observar que le falta algo -en este caso, casi que le sobra- que hubiese mantenido mejor las ganas terribles que tendríamos de ver la segunda parte. En mi caso, ya no me muero de ganas de hacerlo. Podría incluso decir que no iré a verla en la primera semana. Y esto es algo impensable cuando apareció "Las Dos Torres", puse pies en polvorosa para verla el mismo día del estreno. ¿Ha perdido el factor sorpresa? Evidentemente, ni lo comento. Es obvio. La peli no sorprende, pero no queremos que lo haga. Lo que queremos -y hay que aplaudir porque lo han conseguido a la perfección- es rememorar aquellos mágicos momentos rodeados de hobbits, enanos y trasgos que pelean por su propia identidad. Maravilloso colofón de paisajes que agradan la vista del espectador, creando vida desde el inicio, dando ese toque personal que sólo Jackson puede dar. Es algo grande, la película es grande. Sin embargo, entiendo a gente que pueda haberle dejado con ganas de más, y gente que pueda coincidir con lo que aquí narramos. Puede que le sobren cosas para unos, o que le falten para otros, pero lo que está claro es que "El Hobbit" entretiene, impresiona y rememora momentos anteriores con espectaculares efectos especiales y elenco de actores muy bien elegido. Os toca a vosotros decidir. Esto es un viaje inesperado...

sábado, 10 de noviembre de 2012

The Cabin in the Woods (La Cabaña del Bosque)



Lo primero que uno se pregunta cuando ve una película así es, sin duda, ¿el director se ha quedado con la audiencia? ¡Por supuesto!, qué otra respuestra cabría sino. Impresionante ejercicio de ejecución y vacile por partes iguales. Que no se entienda mal, la película no tiene un ápice de aburrimiento, sino todo lo contrario, es una oda al "reirse de sí mismo". En este caso, a reirse del género de terror, pero con un trasfondo terrorífico evidente. Dósis de gore y humor a partes iguales. Desenlace bizarro e inolvidable por otro lado. Al finalizar la cinta, uno sólo puede preguntarse si en Estados Unidos la marihuana es legal...

Desglosemos pues tamaña obra inolvidable. Primero de todo, he decidido no mostrar ni una sola imagen de la peli (lo he hecho en todas menos en esta). Con esto, provoco e intento convencer al lector de que la vea sin más tapujos que la propia carátula (que por cierto animo a echar otra ojeada al finalizar el visionado, y que atónitos lean entre líneas el vacilazo de los creadores). Partiendo de esa base, el texto se basará en la experiencia que un espectador con experiencia en el género, como el que les redacta, haya flipado en colores con la demencia brillante de una idea perfecta.

¿Estereotipos? Claro, tan recurrentes en todas mis críticas, aquí también aparecen, y mucho. Muchísimo. El problema es que pensamos sólo en eso (acierto del film) y luego nos sorprendemos con las vueltas de tuerca sin sentido (o con todo el del mundo) made in Drew Goddard, que sin duda ha mamado del terror durante toda su vida, y que nunca se imaginó poder crear un producto de tantísima calidad.

La temática es sencilla en su esencia, complejísima en su fórmula de desarrollo: Cinco jóvenes se preparan para ir a la cabaña de un familiar del grupo. Cogen cuatro cosas -importantes los bikinis- y camioneta de Scooby Doo en marcha, se disponen a pasarlo en grande (¡Somos americanos!). Al llegar a la misma, algo parecido a Evil Dead sucede, luego avanza ligeramente hasta Viernes 13, para terminar siendo una orgía de cambios de guión absolutamente inimaginables. Terroríficamente brillantes. 

Ojo. Que los dos nombres en cursiva no agraven lo que luego sucede. De hecho, es imprescindible pensar que estamos viendo más de lo mismo. Es lo que quieren los creadores. Es lo que consiguen a todas miras. La sorpresa radica justo ahí. En pensar que hemos visto todo (bendita e ingeniosa portada). Cuando en realidad, no hemos visto absolutamente nada. La cuadrilla avanza, y el "azar" ha ejecutado su mano para que los jóvenes sufran un tremendo acoso por parte de ... bueno, por parte... bien.

En un alarde de imaginación terrible. Goddard crea un hilo empático con el espectador en forma de clichés (benditos seáis) post-adolescentes. La idiota, el fumao, el fuerte, el elegante, la virgen... bien. Para cuando hemos sido capaces de repudiar-empatizar con ellos, Goddard nos recrea con una explosión de inverosímiles acontecimientos que nada hacen presagiar lo que el espectador a priori había pensado. Gran acierto. Mejor puesta en escena.

Una de las cosas que más llama la atención es que la cinta no va a ser estrenada en los cines españoles. Hemos tenido la "suerte" de ver en las carteleras "joyas" como Scream 47, Sé lo que hicísteis 16, y esta maravilla de género no tiene cabida. Bravo por el sentido común. De igual modo, y gracias a su perfecta ejecución, la película ha sido un arrollador caballo de batalla exitoso en todos y cada uno de los festivales en los que ha participado. No sólo el espectador de pie ha bendecido este diamante, pues la crítica profesional ha coincidido con el transeunte de a pie, y la conjunción de ambos ha reunido los mejores elogios. Habrá que prestar atención a este joven director, porque lo que ha creado con poco presupuesto y menor repercusión es un éxito. "The cabin in the woods" se ha convertido en la mejor película del año -no me importa el género- y ha quedado por siempre grabadas en las retinas de los espectadores que la han visto.

El re-gusto con el que la historia llega a su fin es dulce como una bolsa de palomitas gigante y agrio como un tomate pocho. Es un boom de sensaciones, es experimental, es vacilona a más no poder, pero respetuosa con los clichés del género. Es feroz. Es un camino triunfal a la sorpresa constante. Es sencillamente una película absolutamente recomendable para verla rodeado de los amigos más gansos, los más serios, los menos analistas, los que piensan antes de que la escena cambie. Es una película que dará que hablar en todos los círculos sociales. Es... en definitiva, un auténtico escándalo.

sábado, 22 de septiembre de 2012

The Walking Dead (Tomo 2-3)



Una vez leídos los dos siguientes tomos, la sensación de brillantez se acrecenta incluso más. ¡Qué pasada de cómics! Si ya con el primer tomo (que recuerdo, es en el que más fiel es la serie) los acontecimientos ocurren de una manera violenta y entretenida, en el segundo particularmente se ha conseguido dar un paso más en el desasosiego de los supervivientes. Otra vuelta de tuerca más dentro de una pesadilla donde la supervivencia se convierte en el único aliado de la razón. No hay perdón, sólo vive.

Antes de hablar del tercero, desglosemos el segundo, lógicamente. Todo un acierto es sin duda, la aparición de Michonne, la dueña de la espada y el don de la ubicuidad. Siempre está cuando se le necesita. Gran acierto ha sido por parte de los productores el incluirla en la tercera temporada de la serie, porque con la segunda... mejor ni hablar. Aparte de tener poco que ver con el brillante segundo tomo que aquí nos ocupa, el resultado dista mucho de ofrecer lo que decían de ofrecer (más fidelidad al cómic y más violenta). Ni lo uno ni lo otro.

El segundo tomo, por tanto, comienza igual que el primero. Una cadena de infortunios hacen que los supervivientes tengan que deambular sin rumbo de aquí para allá. No pueden estancarse en un sitio inseguro y al aire libre, pues los caminantes siempre están al acecho. Lentos, débiles y hasta bobos, pero imprevisibles en sus actos. Sólo buscan comer (el único de los sentimientos -el hambre- donde el cerebro actúa por puro instinto) y tienen que conseguirlo para "sobrevivir".

La desconfianza se adueña de las almas del grupo. Nadie confía en nadie...

Hay dos momentos estelares en este segundo tomo que dignifican el cómic como tal, no sólo en su vertiente más fetichista donde el re-gusto por la lectura en viñetas cobra interés, sino también por el buen hacer de Kirkman a la hora de firmar una historia absorbente a todas luces. La primera, cuando el grupo se encuentra con una granja ocupada por otros supervivientes y al ser aceptados para convivir en ella aparecen las tensiones y la desconfianza en el ser humano (recurrente en la historia como bien decíamos en la crítica anterior). Mientras que la segunda y brutal vivencia tiene que ver con el azar y una nueva huida: El gobernador y su pueblo. 

Ambas partes del tomo son impresionantes. Nunca tardé tan poco en leerme las casi seiscientas páginas que contiene. La crueldad se extiende por todos los dominios que aún quedan libres. La desconfianza se rige en motor de la nueva sociedad; y la demencia se extrapola a los movimientos de las extremidades, estirándose y flexionándose para ejecutar las acciones de las anteriores.

Con la salvaje escena final -con sorpresa y final climático incluido- el libro segundo termina con el ferviente deseo de empezar a leer el tercero. Literalmente hablando, es un puñetazo en la cara del lector, que lejos de caer a la lona, se sobrepone como sea y coge el tercer tomo mostrando respeto pero no miedo por el "rival". Si antes hablábamos de la locura como herramienta única de unión entre los protagonistas, en este tercer acto, los valores sociales son los que se ven totalmente desarraigados a la conciencia humana. La soledad se convierte en pionera de la maldad, así como el uso de la violencia enjuicia a las atrocidades con aún más atrocidad. Literariamente hablando, este tomo es el más rico en cuanto a riqueza de diálogos se refiere. Muy buen guión el firmado por Robert Kirkman.

Y esto no significa que la historia no contenga la violencia necesaria de este tipo de "eventos", sino que se filtra perfectamente con los acontecimientos, dando un paso más profundo a las inmediaciones de los personajes. Conociéndoles más debido a su desesperación por sentirse humanos. Historias dolorosas que se cuentan unos a otros sobre la vida que una vez tuvieron, y que no volverán a tener. La agonía del que cuenta a un semi-desconocido lo que hizo, por qué lo hizo y sus consecuencias en un mundo donde antes hubo leyes y ahora supervivencia.

Las relaciones interpersonales de los protagonistas llegan al summum. Los grupos se separan, unos vigilan aquí, otros investigan allí, y eso sólo hace que la desunión se haga más evidente. Y, por supuesto, que los peligros lleguen de los lugares más insospechados. Nunca estás sólo en estos parajes. 

Definitivamente gran historia la contada por el autor americano, que consigue mostrar de forma efectista como una sociedad de consumo y bienestar se transforma en la debacle y el sinsentido más crudo que uno pueda imaginar. Ambos tomos son sin duda de lo mejor que he leído últimamente. No hay dudas de la calidad de millares de cómics que han ido apareciendo, pero la riqueza de detalle de "The Walking Dead" y sobre todo los diferentes estilos encontrados dentro de los mismos (terror, investigación, aventura, etc) hacen de estos elegantes tomos una lectura obligada para los amantes de la literatura en general, y del cómic en particular. Contemos los días pues para la aparición del cuarto tomo...

viernes, 14 de septiembre de 2012

The Walking Dead (Tomo 1)



Historias de muertos vivientes. Cuántas veces el cine y la televisión nos han brindado con comedores de carne humana con poco cerebro, que, después de muertos, vuelven a la vida para sembrar el caos entre los vivos. Miles, millares quizá. Pero es verdad que la serie de moda, "The Walking Dead" ha conseguido algo interesante: que toda la población eche un vistazo al mundo zombi sin necesariamente ser fans del género que ocupa.

Con el reciente boom del género zombi, Robert Kirkman -creador del cómic original- no se imaginaba el número de ventas tan alto que conseguiría en poco tiempo. Como tampoco creo que creyera que Frank Darabont viniera con varios millones para adaptar su brillante cómic a una serie de muy bella factura técnica, pero endeble en guión y situaciones.

Y es que sí, el cómic es una bocanada de sensaciones, terroríficas sensaciones que ofrecen más terror en las situaciones inhumanas de los supervivientes que en los propios caminantes -como se conocen a los no muertos en las dos plataformas. 

Como decíamos, la serie tiene algo que indudablemente el cómic no puede ofrecer: las imágenes. Es cierto que el cómic está bien dibujado, pero no es lo mismo ver una escena bien conseguida que leerla (maldita sean las veces que miramos lo que sucederá en la página siguiente antes siquiera de leer la primera). Especialmente en su primera temporada (de sólo seis episodios), la serie sigue de forma relativamente fiel los pasos que toman los protagonistas del cómic (salvando lógicas licencias que otorgan más clichés al apartado visual y tendencioso que la televisión tiene). Pero en términos generales, la primera temporada es muy interesante en cuanto a contenidos.

Especialmente impresionante es el apartado gráfico de la adaptación televisiva (aún tengo en la mente la espectacular escena del tanque -inventada con respecto al cómic- o la nada despreciable puesta en escena del camino por la ciudad impregnados de vísceras de muerto). Otro momento dulce e interesante de la serie es sin duda las intrahistorias, que paralelas y complementarias con el cómic, nos dejan en ascuas por saber qué ocurrirá con esas relaciones interpersonales.

Sin embargo, una vez leída la historia entre viñetas, la serie se queda en un notable bajo, pero el tomo que lleva por nombre uno, es sencillamente un sobresaliente. Bien es cierto que los acontecimientos se suceden a una velocidad endiablada (a las tres viñetas, Rick ya ha salido del hospital), y puede dar cierta sensación de poca elaboración, o a lo sumo de elaboración un tanto abrupta. Aunque es justo decir que los cómics tienen también una serie de ritmos que son parte de la esencia de los mismos. Por tanto, mirando el lado bueno de esta opinión, te dan ganas de continuar leyendo sin parar, literalmente "bebiéndote" el cómic. 

"Aquí estamos" Imagen calcada a la que aparece en la serie. ¿Hay alguien ahí?...

Si la serie tiene momentos de crudeza interesantes, pero limitados a la plataforma que es, la televisión, el cómic sin embargo no se guarda ni una licencia, cuenta sin tapujos lo que es la inhumanidad más real. De hecho, Kirkman, su creador, asegura en el prólogo que su historia no debe entenderse por el gore y las vísceras para entender el terror, sino en la pérdida de valores sociales y humanos ante un mundo que se desmorona ante nuestros ojos. Un mundo donde la anarquía y la supervivencia lideran sobre la razón. Una serie de acontecimientos donde la humanidad nada tiene que hacer, es un mundo hecho por y para los más fuertes (querido Darwin, siempre apareces en todas las metáforas de supervivencia). 

Cuando la sociedad está perdida, el ser humano se convulsa. Este apartado queda perfectamente retratado en los diferentes caminos que los supervivientes van eligiendo. Es super interesante observar las relaciones interpersonales de los protagonistas, perdiendo el control por culpa no sólo de los miles de caminantes que hay por las calles, sino por el sentimiento de no pertenecer al mundo. Esa oscura y fría sensación de tener que vivir huyendo de lado a lado porque puedes verte devorado por una horda de seres que no sienten. 

El sinsabor que se percibe en las páginas del cómic no ha sido entendido por la serie, y lamentablemente, queda más expuesta al elemento de serie de terror, más que de supervivencia. Ahí el cómic sale favorecido, beneficiando al lector en su idea de convulsión y colapso humano. Cuando un mundo se resquebraja, un niño de siete años madura con un arma en el bolsillo, y comete errores de bulto por no estar preparado para portar dichas armas. La serie "guarda" más la parte onírica del mundo que tuvimos, y que ahora tenemos, quedando como resultado una decente adaptación. 

No obstante, la eliminación de personajes extremos (Michonne) por parte de la serie (la incluyen por vez primera en la tercera temporada) no hacen sino restarla puntos en la idea de moralidad y supervivencia que comentábamos en las líneas anteriores. Mientras que el cómic presenta millares de personajes envueltos en situaciones de exigencia humana máxima dejando familiares detrás, viéndoles devorados por los caminantes, mientras los supervivientes deben vivir con la carcoma de haber tenido que seguir adelante. 

Son lentos, pero no descansarán jamás...

Verdaderamente increíble la calidad que atesora el primer tomo, y de camino a terminar el segundo (aún más oscuro y violento), puedo decir que el cómic es bastante superior a la adaptación televisiva, y aunque conserve el ritmo veloz y un poco atropellado típico de los cómics consigue que el hambre que tienen los zombis se traspase al lector, y las páginas corren a una velocidad abrumadora, como los mismos acontecimientos que ocupan a los personajes.

Cuando la supervivencia se convierte en el único parámetro medible, la sensación de ahogo y desgobierno permanece latente. La sociedad ha quedado eliminada, la ley no tiene valor, la justicia no entiende de juicios, y el ser humano se ve abocado a la frustración y al abandono de manera quimérica. La utopía de un mundo mejor no se ancla en el presente, sino que pertenece al pasado. 

El futuro es más atroz aún que la propia supervivencia. La inestabilidad de los personajes por pensar en un mundo mejor se aprecia prácticamente cada veinte páginas, y el lector se incrusta en ellas. Decide pasarlo mal con los personajes, porque la empatía de la situación así lo exige. La crueldad de unos seres sin cerebro no es nada comparado al ahogo de una sociedad que ya no existe, que no puede regularse por normas y que, por supuesto, no ayuda a que ese caótico mundo despierte de un letargo lento, pero firme, como los pasos de los caminantes.

jueves, 6 de septiembre de 2012

El Laberinto del Fauno (The Pan's Labyrinth)



Una obra de arte. Sólo se puede empezar esta reseña con esa introducción. Apoteósico alarde de imaginación y fuerza visual la del director mexicano Guillermo del Toro. Es una oda al sentimiento, un choque de imágenes que no permiten desviar las miradas de la pantalla. Una mezcla de paralelismo con la esfera onírica de un mundo imaginario y la cruel realidad de un drama cívico dantesco, como es el horror de la guerra civil española.

Ambientada precisamente en aquel periodo, del Toro consigue brillantemente la unión de ambos mundos en una película de difícil clasificación pero de obligado visionado. Durante las dos horas de duración el cerebro no para de buscar el por qué de dicha unión de géneros. No obstante, la atmósfera y el perfecto ritmo del film hacen que no nos importa absolutamente nada más que lo que nuestros ojos proyectan. Y es que "El Laberinto del Fauno", es hoy día, la mejor película de género fantástico española (varios pasos más arriba de lo que fueron "Los Otros" o "Tésis").

Bajo la cálida melodía de Javier Navarrete (gran banda sonora la suya), unos coches de época comienzan a esparcir polvo por una carretera secundaria cualquiera. En el interior de uno de ellos viaja el despiadado capitán de las tropas franquistas, Vidal (Sergi López), mandado a esos pueblos para revertir las revueltas de los rebeldes. El estado de gestación de su esposa, la bella Carmen (Ariadna Gil), hace que paren a descansar por su indisposición. Entre tanto, la pequeña hija de Carmen, Ofelia (Ivana Baquero) baja a su vez del coche y camina sin sentido por el lugar, encontrando a un extraño insecto que le persigue hasta la casa del pueblo al que se dirigen. Con el poco afecto que Vidal siente por Ofelia, la niña se marcha a dormir, pero al tiempo es despertada por el mismo insecto alado que encontró en el campo, que por señas hace que le sigan hasta las ruinas de un viejo laberinto, donde una extraña criatura, conocida como el Fauno (Doug Jones) le hace una revelación que no espera: Ofelia es en realidad una princesa, y para poder regresar a su pueblo deberá pasar tres pruebas muy peligrosas, con la ayuda del Fauno.

Bajo este simple engranaje, el argumento es llevado al extremo, tanto por la calidad interpretativa del elenco de actores; como por la maravillosa puesta en escena de la historia, y el grandilocuente hilo conductor que va fusionando el mundo real con el mundo fantástico. Premiada con infinidad de premios (a destacar: 3 Oscars al mejor maquillaje, dirección artística y mejor fotografía -este último gracias al inmenso trabajo de Guillermo Navarro- y 7 premios Goya: actriz revelación (Ivana Baquero) y mejor guión original, entre otros) la historia envuelve por su crudeza y buen hacer. 

Ya no sólo impacta por la calidad cuidada de maquillaje y escenarios, que son sencillamente brillantes, también lo hace por la triste y cruel historia de entreguerras, que nos mantiene totalmente cautivos a lo que sucede. El mecanismo de la película es claro y conciso, se trata de unir en poco menos de dos horas, una historia que debe ser creíble y debe entretener a partes iguales. Conseguido al cien por cien. El film no decae ni un sólo segundo, tiene un par de escenas dignas de elogio, que se quedan en la retina para siempre ("querido" Sergi López...). Impactantes secuencias impregnan la verdad de la guerra (tan criticada esta idea en el cine español, tachado siempre de usar la guerra como núcleo central de historias) con un elegante trasfondo fantástico donde la imaginación comienza a ganar la batalla a la realidad.

Cuando la mirada de un niño lo dice, ¿será verdad...?

La inagotable imaginación del director mexicano no va a descubrirse con esta película, pues larga es la lista de personajes creados por su mente, y amplia es la variedad de los mismos. Lo que ocurre con esta cinta es que el propio del Toro tiene una fascinación con la guerra civil española, y quizá este hecho le alumbró más tempestivamente que con otras de sus obras. De lo que está claro es de que esta ha sido y puede que sea su mejor película por siempre. Su actor fetiche, Doug Jones (versátil donde los haya) se adentra en la piel del Fauno, un ser mitológico con torso humano y piernas de carnero, que seduce a la niña con la variopinta y maravillosa historia de princesas que sustenta más de la mitad de la película, y que por momentos nos recuerda a lo no menos preciosista "La Historia Interminable", donde la aventura se abría camino entre el drama con un héroe bien definido, Bástian. Aquí no hay héroes, hay llanto y guerra, hay metralla y sangre, hay maldad y ensañamiento. Esa crudeza y oscuridad que cualquier guerra representa, está perfectamente retratada en la película, y especialmente durante la parte central de la misma, gana a pulso al espectador, que disfruta observando los acontecimientos sin más miramientos que lo que pasaría en esos tiempos de guerra. Como decíamos, alarde de profesionalismo en los maquillajes y la calidad de los seres creados por del Toro. Aplauso general para Doug Jones, que también interpreta a un fantasmagórico monstruo, cuya escena es sin duda la más angustiosa de todo el metraje. Perfectos no obstante el resto de las conseguidas criaturas.

Extraordinaria elección de los actores por parte del director mexicano. Especial mención para Sergi López e Ivana Baquero, que rodeados de secundarios de lujo como Maribel Verdú o Ivan Massagué hacen de las dotes interpretativas de los actores un "laberinto" de sensaciones y empatía dignas de ser vistas mil veces. El malvado Capitán Vidal es, por la importancia del papel, el que mejor mantiene la ira del espectador. El excelente actor catalán consigue que verdaderamente el odio se apodere de nuestras mentes, y su desgarrador papel se cuele entre los grandes del cine fantástico español. Qué decir de la pequeña Ivana, cuyo rostro irradia esa inocencia e ignorancia que los niños tienen ante cualquier suceso, aunque sea una guerra, sin importar la crueldad del mismo. Ayudados por el vestuario de época, muy cuidado y conseguido, los actores flotan en las tablas de una obra maestra. No hay miedo a decirlo, es sencillamente una película maravillosa, que escapa a géneros o modas, huye de comparativas y retrata simplemente la imaginación de un director que estuvo especialmente inspirado para dar al séptimo arte esta joya pulida por un diamante.

Una película verdaderamente mítica y eterna, cuyo visionado es de carácter obligado, ya no sólo por su gran trabajo visual e interpretativo, si no por el gusto por el buen cine. Una historia que atrapa y te hace querer más. Un final impactante (no importa que pueda verse venir, importa el cómo llega) y un interludio sensacional dan por finalizado el mejor trabajo que la fantasía española vaya a tener jamás... 

P.D.: Si añadimos que las localizaciones fueron grabadas en mis queridas tierras segovianas de San Rafael, el dilema se solventa con una sola mirada: Verla.

jueves, 30 de agosto de 2012

Deseperación



Un pequeño pueblecito minero americano llamado Desesperación (podemos hospedarnos tranquilos con ese nombre) vive regido por un policía demente, que siembra el caos entre los pocos coches que pasan por la interestatal 50, que cruza con el pueblo. El vacío pueblo ha sucumbido a las fuerzas del mal, adentradas en el cuerpo del policía local y sumergirán a Desesperación en una pesadilla inimaginable.

¿Historias de policías locos?. Multitud. Aún recuerdo la película "Maniac", donde un argumento parecido es tratado de forma sencilla pero efectiva a la gran pantalla. Sin embargo, este libro encierra algo más endemoniado si cabe. Con la firma de Stephen King no se puede esperar otra cosa.

El libro tiene un arranque impactante. Es un remolino de imágenes y diálogos que pasan como una centella por nuestra imaginación (ese gran poder del ser humano), y no cesan hasta el último tercio del libro, donde es cierto que la acción decae bastante, y su lectura pierde fluidez para hilvanar todos los hilos que van quedando sueltos en toda historia que se precie. 

Pero volvamos al principio, adictivo como él sólo, crea una atmósfera de misterio y preguntas sin resolver (¿Acaso se ha vuelto loco el policía?, no hemos hecho nada malo, etc) que boicotean el sentido común del lector. "Desesperación" es una de esas historias que enganchan, comienzan fuerte y poco a poco se van enredando tanto que poco (o nada) tienen que ver con la percepción que nos da al principio, y esto no siempre es bueno. Hay que mantener la esencia de lo que dejas ver; es como si vas a probar un menú de degustación y te traen tantos y tan buenos platos que no te acuerdas del entrante del principio. Y es que eso es esencialmente lo que ocurre con esta novela. Al final, no sabes muy bien si el autor decidió improvisar, o tenía en mente ese desenlace desde el principio (por lioso y extraño que pueda parecer).

Aún así, hablamos del señor King. No se le ocurriría meter más de un punto débil en sus creaciones literarias; y en "Desesperación" no será distinto. El alma de la historia te atrapa y las páginas se pasan a una velocidad endiablada. La sensación de desasosiego a la que los protagonistas se ven despachados está muy bien narrada. Los entuertos realizados por el policía van secundados de unas ricas descripciones, tanto paisajistas como de personajes, y eso, en el fondo, enriquece el vacío que crea en la última parte del desenlace.

Con esto avanzamos otro de los puntos fuertes de la novela (y de Stephen King en general), que es las interrelaciones de los protagonistas del libro, perfectamente solidificadas entre sí, sin resquicio y muy ricas en detalles (ese niño que orina por primera vez sólo en mitad de una carretera mientras su padre le va aconsejando). La unión de los mismos, eleva la narración a un estatus de calidad superior. La capacidad innata del autor americano por crear microclimas en pequeño espacios sigue a la orden del día. Los personajes se ven abocados a sufrir, son vejados y abusados frente a una sinrazón, y aún así sus situaciones no desentonan con lo que pudiera pasar en la realidad (hablamos de ficción no obstante, se permiten ciertas licencias fantásticas). 

Conviene decir que ésta es la segunda parte de "Posesión", y ya se conoce el lema: segundas partes... lo que  pasa es que no está mal, insisto. Se lee muy bien, por la prosa directa a la que King tiene acostumbrados al lector, siendo tan adictiva que quieres saber el por qué del comportamiento demencial del policía, qué le sucederá a la familia del principio, y una par de sorpresillas que todo libro de género suele esconder. De igual modo, "Desesperación" se puede leer sin haberlo echo con la primera parte, quedando un producto decente e independiente del primero.

Razón de más parece hacerlo así, pues la calidad de "Posesión" es superior. Por lo que, en caso de que esta parte quede algo irregular en su último tercio, y haga decaer el ánimo al lector, habremos disfrutado de un inicio demoledor, y también cerraremos el círculo con respecto a la primera parte (bastante superior y más heterogénea).

jueves, 23 de agosto de 2012

Drácula



Una de las historias mejor relatadas de la literatura universal, adelantada a su tiempo en cuanto a situaciones y narración (en forma de diario, con envío de cartas donde los personajes van adentrándose en la historia), que luego terminaría llamándose narración cíclica, por sus constantes giros, y donde las dos historias paralelas convergen en un maravilloso y épico final, donde nada quedará exento. 

El mito del vampiro ha sido contado millones de veces, tanto en cine (aún recordamos la magnífica interpretación de Bela Lugosi todavía en blanco y negro) como en literatura (algunos hablan de plagio con la obra de John Polidori, "El Vampiro" o la inmensas "Carmila" y "La Hora del Vampiro" de J. S. Lefanu y Stephen King respectivamente). Sin embargo, sólo Bram Stoker se colgó la medalla de la inmortalidad, como su personaje principal, el vampiro basado en el caníbal Conde Dracul. 

En 1897, el autor irlandés escribió (probablemente sin saberlo) una de las novelas más icónicas y magnánimas de todos los tiempos. Su capacidad para sugerir y seducir queda fuera de toda duda. El impacto visual narrativo (con esos desconocidos Montes Cárpatos de colofón) es pretencioso y morboso, a la altura de cualquier otra buena novela gótica de su tiempo como "El Castillo de Otranto" de Horace Walpole, o el maravilloso relato corto de Edgar Allan Poe "La Caída de la Casa Usher", donde el misticismo y los paisajes quedan retratados convirtiéndose en parte activa de la narración, otorgando así a las novelas de un aire de misterio avasallador.

Hasta este punto, es posible que no haya nada nuevo en estas palabras, ya que seguramente todos los lectores hayan leído la obra. Mi intención con esta crítica es convertirla en análisis profundo de la situación de la época, de los motivos que aparecen en ella, y por supuesto, de la vanguardista e irónica narración que Stoker ejecuta con una solvencia y maestría envidiables.


Como decíamos, cualquier obra debe medirse con la época en la que fue escrita. De esta forma, podremos observar los clichés de la época, y la manera de actuar de una sociedad (en este caso la victoriana), que no hará si no reforzar mi idea de que literatura y sociedad han ido e irán siempre de la mano. Por tanto, desglosaremos la novela en los siguientes puntos imprescindibles para entender la novela mejor, o si hay una segunda lectura, ser consciente de los mismos:

- Sexualidad contra Pureza, Clasicismo contra Tentación; y Ciencia contra Religión, más Tradición contra Superstición.

A Sexualidad contra Pureza: De bien es sabido que la época victoriana se basaba en unos valores exquisitos, basados en el respeto y la moralidad, latentes y perceptibles en toda buena familia de finales del siglo XX. En el tercer capítulo, durante la estancia de Johnatan Harker en el castillo del Conde, este recibe la visita de tres lascivas vampiresas se acercan peligrosamente a chuparle la sangre antes de que el propio Drácula las interrumpa violentamente añadiendo que Harker le pertenece a él. El enlace entre vampirismo y sexo queda vigente durante toda la novela, y es que además, esas mujeres son lo opuesto a lo que la sociedad y sus valores defienden. Son seres completamente diferentes a lo que se espera.

Mientras Lucy y Mina son modelos de la más pura castidad y buenos modales, la intrusión de esas extrañas mujeres revelan el polo opuesto: son seres voluptuosos, insaciables y agresivas. En la narración de esta escena, Stoker sugiere varias posiciones sexuales que atraen y repelen a Johnatan Harker al mismo tiempo. El autocontrol se pierde, pues la seducción era algo tabú en la mujer de una sociedad victoriana, donde era premiada por su docilidad y virginidad, y una dama no puede tomar la iniciativa, ni mostrar deseo alguno.

Sin embargo, las tres vampiresas profesan en el joven una serie de actos sexuales peligrosos, no sólo debido a la rígida educación victoriana, que puede hacerle perder su reputación, si no que hace peligrar su propia vida.

B Clasicismo contra Tentación: Una de las mejores artimañas de Drácula para desunir al grupo es precisamente la ostentación. El hecho de que la época conlleve unas doctrinas, coge por sorpresa a todos sus rivales, ceñidos al corsé de unos valores morales intactos. Al igual que las tres vampiresas del inicio de la novela, cuando intentan seducir a Harker con artes poco conocidas, hacen perder el control de la situación al grupo protagonista frente a un enemigo más temible que el propio Conde: la tentación.


Las amenazas de Drácula surten el efecto deseado, pues antes del suceso que acontece en este dieciseisavo capítulo, el Conde reza: "Las mujeres que ahora amáis son mías ya, y a través de ellas, vosotros seréis míos también". En efecto, esta amenaza se convierte en realidad cuando Lucy, ya totalmente convertida en esclava sexual del Conde lascivamente intenta llevar a su prometido Holmwood a la locura, perdiendo así la batalla entre clasicismo y tentación en favor de esta última. Y es que el hombre es débil a la seducción, eso se ha demostrado durante toda la edad contemporánea, no sólo en los libros. La pérdida de poder de un sólo hombre, debilita el grupo entero, sacrificando la razón de unos valores irrompibles que ahora caen hasta el estrépito por las trampas ingeniosas del Conde.


C Oriente contra Occidente: En los capítulos finales, observamos como cada bando aúna sus propias armas para la batalla final. Los grupos son opuestos, y esas oposiciones no sólo incluyen el mero conflicto entre la moralidad lujuriosa y los valores castos victorianos, si no también entre el desarrollado Oeste contra el desconocido Este, donde la magia y la superchería quebrantan la fe cristiana y la figura de Dios.


En los capítulos iniciales, cuando Harker es guiado al castillo por unos gitanos, el paisaje oscuro, los aullidos de los lobos, el ulular del viento frío y los propios nativos representan las poderosas y misteriosas fuerzas del Este. Unas tierras desconocidas que no están reguladas por la ciencia o la economía como ocurre en Londres, si no por la poderosa superchería y tradicional del Este; y que por tanto, crean una desconfianza en Harker obtenida por la propia ignorancia de una sociedad estrecha de miras para con el resto del mundo.


Más adelante, cuando los invasores del Oeste comienzan a acercarse a los dominios del Conde, reciben toda la hostilidad del terreno (clichés de la novela gótica que mencionábamos antes: viento, lobos, amuletos o el propio paisaje fantasmagórico) ante ellos, convergiendo en la pérdida de la razón y el poder de una tierra exenta al dominio inglés, oscura, tenebrosa, donde la desconfianza se apodera de los protagonistas, como cuando el Doctor Van Helsing pierde la concentración durante el viaje hacia la mazmorra del vampiro y no puede hipnotizar a Mina. La tormenta y el fuerte viento son tomados por los invasores como algo inhóspito y mágico, que escapa a su rígido análisis de sociedad. Aquí no hay límites ni moralidad.


Curiosamente, el brillante autor irlandés lanza sobre esas líneas de invasión su propia acidez patriota. En otras palabras, pese a la hostilidad del terreno y de los lugareños, la invasión se ve completada cuando Van Helsing consigue clavar la estaca en el maltrecho corazón de Drácula, y cuando asesina a las tres vampiresas, otorgándoles a su muerte con una imagen de inocencia y pureza sinuosa, volviendo a los cauces de lo que la sociedad victoriana exige. Ahora las tres mujeres descansan en paz e irradian vírgenes de pureza.


Este brillante símil de victoria inglesa con sufrimiento (ante la inminente caída del sol) se extrapola al sentimiento que los irlandeses padecieron durante la guerra contra los ingleses. Esa invasión a la fuerza de alguien que no usaba la razón, y que no tenía en cuenta la opinión de los pueblos invadidos es usada en contradirección con la mezcla de culturas equidistantes entre sí en una maravillosa oda al extremismo, y una mordaz narración de lo que sus compatriotas sintieron ante la barbarie inglesa.


La calidad y el envoltorio de la novela le otorga la categoría de obra maestra, independientemente del gusto literario. Es una novela que se adelantó a su tiempo, que se desvanece en un puente que une hechos del pasado con el terror propio de una cultura anclada en unos valores determinados y rígidos, y que no acepta otras posibilidades como alternativa. La maestría de Stoker, así como su ácido tono crítico, cubren de gloria un texto que yacerá en las bibliotecas universales por tiempo inmemorial. Tan inmortal como influenciable en la historia de la literatura de terror.

lunes, 20 de agosto de 2012

Tic Tac



Tommy Phan es un norteamericano de origen vietnamita que se gana la vida como autor de novelas policíacas. Rodeado de los lujos que el sueño americano permite, vuelve a casa una noche normal con su Corvette recién sacado del concesionario, sintiendo la velocidad bajo su control y contento con la vida que lleva. Al tiempo, suena el timbre mientras corrige un capítulo del detective privado que le da de comer con sus ventas: Chip Nguyen. Cuando abre la puerta no encuentra a nadie en el umbral, excepto una extraña muñeca de trapo con los ojos y la boca cosidas. Sin darle mayor importancia la arroja en su habitación y continúa escribiendo. Minutos después, al volver del baño, Tommy se queda petrificado por dos sucesos inesperados: En la pantalla del ordenador se puede leer: "El plazo expira al amanecer" y no hay rastro alguno de la muñeca de trapo...

El reputado novelista americano Dean Koontz se adentra en el terreno del vudú y la superchería en esta interesante obra. Una cadena de acontecimientos narrados a una velocidad endiablada, donde el protagonista se ve continuamente perseguido por los dos males que se encuentra en su vida: el rechazo de su familia por su abandono de la cultura que le vio nacer y caer en la vorágine de consumismo y costumbres americanas; y la aparición de una muñeca que desata un infortunio de viaje por salvaguardar su vida.

Koontz, rivalizado históricamente con Stephen King en le mercado del terror y el suspense, muestra sus credenciales en otros campos de la literatura contemporánea de terror. No es que la novela no tenga situaciones terroríficas, porque las tiene, pero desprende un aire de "road movie" que pega perfectamente con el veloz desarrollo de los hechos. Debido a la lucha interior del personaje por saber el camino a elegir, las conversaciones telefónicas con su madre sustentan la intriga, e incluso, le añaden un punto de empatía con Phan que perdura toda la lectura.

La eterna lucha entre tradición y avance, especialmente marcado en sociedades más arraigadas a los valores familiares, ha sido siempre usada en todas las esferas culturales posibles. En la novela que nos ocupa, ese contraste se eleva hasta las máximas cotas de hostilidad, hasta mostrar picos lineales tan extremos como la desaprobación o la ignorancia familiar. 

Algo tan común como puede ser no ir a comer a casa de los padres cada domingo, se convierte en una humillación para la familia, que ve en Tommy un buen chico que ha sucumbido a unos valores culturales erróneos, y que por culpa de los mismos, la fractura familiar se hace más evidente. La madre no puede comprender por qué un chico de veintitrés años necesita un Corvette o una casa tan grande para él sólo. También obtiene reprimendas por su soltería, y por no querer casarse con una buena chica vietnamita, como han hecho sus hermanos, que aún siguen regentando la fábrica de pan familiar, trabajando codo con codo. El protagonista de esta ficción, como añadíamos, sufre para guiar su futuro a buen puerto. De hecho, nada de lo que hace tiene buenas respuestas de cara a la familia, y ese vacío no le permite romper con esa apatía familiar. Por momentos, su frustración y paciencia se ven alterados en la mente del lector, ya que en algunas situaciones, la paciencia del muchacho no termina de quedar natural en el tipo de acoso que recibe, otorgando a algunos personajes secundarios la etiqueta de sobreactuación. Este matiz es especialmente claro en la madre, que no cesa en su empeño de traer a su hijo de vuelta a lo que ella considera la realidad, y que durante sus apariciones impregna un leve pico de desesperación a la lectura, que por suerte el autor dribla elegantemente con una elogiable narrativa, fluida y rápida entre intersecciones, que dotan a la misma de un dinamismo absolutamente necesario para crear la tensión adecuada.

Luego está el evidente acoso de la muñeca (que no avanzaré en exceso), que pone a Tommy entre la espada y la pared durante el noventa por ciento de la novela. Su crueldad choca directamente con el carácter afable del protagonista, y lo lleva a límites de esquizofrenia y preocupación por no saber qué o por qué le está persiguiendo. Lo interesante de la narrativa del autor americano es su capacidad para crear ambientaciones agónicas, en este caso, hábilmente tratadas con la inclusión de la familia y una extravagante camarera rubia que accidentalmente se ve involucrada en el encuentro con lo que sea que quedaba bajo la muñeca de trapo. Todos estos ingredientes se mezclan de manera explosiva con la velocidad de acción. El relato no permite ni un sólo momento de soslayo, sino todo lo contrario, te hace leer más y más rápido para saber hasta qué punto va llegar la mente del protagonista para salvar todos los escollos.

El espíritu de persecución tipo "road movie" no cesa en prácticamente la totalidad de la lectura. Ya sea por carretera o a pie, el protagonista se ve perseguido de manera agresiva por un enemigo temible, a la par que desconocido, que también crea una capa de incertidumbre en la historia, que va ganando en velocidad cuanto más cerca está del final. 

Interesante mezcla de géneros que se lee de manera ágil, y que atiende a valores culturales y desuniones familiares fuertemente arraigados. Recomendable título con sorprendente final, que aboga por la crueldad humana, siendo esta una seña de identidad propia en su esencia. 

sábado, 11 de agosto de 2012

Batman: The Dark Knight Rises



No se me ocurre mejor carta de presentación para iniciar este blog. Después de dos años de espera, nos llega, por fin, la tercera (y esperamos que definitiva) entrega del caballero oscuro.

Es interesante percibir el adjetivo de esta última descripción -oscuro- y es que Christopher Nolan ha conseguido dar un aire bastante agresivo y etéreo al personaje durante las tres películas. De hecho, diría que el personaje en cuestión deja de ser un héroe en todos los sentidos, para convertirse en parte de un mundo totalmente ajeno al universo DC comics, que lo vio nacer.

En definitiva, intenso y sólido cierre a la trilogía del director inglés basada en el personaje de cómics de Bob Kane, en términos generales, ligeramente inferior a la obra maestra anterior y bastante superior a la primera aparición del hombre murciélago.

La puesta en escena es impresionante, y como su antecesora, el inicio otorga un plus de tensión que no se apaga hasta el final del film. Aunque es justo añadir que dicha inquietud y tensión se mantiene tan constante por méritos de la brillante banda sonora firmada por Hans Zimmer, solventando las secuencias dramáticas de manera poderosa y acertada. Añadir también, que la ausencia de música en ciertas escenas de violencia bien ejecutada termina de disparar la crudeza y la oscuridad a la que antes nos referíamos.

Entremos en el universo de esta tercera entrega por el elemento común que ha perdurado en las tres entregas: el ritmo narrativo. Y es que a pesar de algunas frases un tanto extrañas y relativamente forzadas ("Quiero volver al terreno de juego"), la intensidad de los diálogos y la soltura de las secuencias otorga a Nolan la llave para hacer que el visionado se haga corto (pese a los 164 minutos de duración), como decía un buen amigo "te deja con ganas de más". Debido al trabajado guión, lamentablemente la película se pierde a veces en las inevitables complejidades y preguntas que aparecen al querer cerrar una saga de horas de duración. El hecho de clarificar respuestas o movimientos de anteriores entregas hace decaer en varios momentos la intensidad y la velocidad de acción de algunas escenas. No obstante, insisto, el perturbador desenlace (y sus maravillosas y ciertamente inesperadas sorpresas finales) dejan el listón muy alto para cualquier rebooth (se rumorea que empezaran otra vez la saga en 2016).


"Soy el apocalipsis de Gotham" Bane

El punto fuerte de Nolan, a parte de su exquisita mente para ejecutar complejos giros de guión (como ya demostró en la inolvidable "Memento" o la algo más liosa "Origen") es, sin duda, la elección de actores. El elenco de caras conocidas no cesa durante todo el metraje, pero en mi humilde opinión, hay tres vértices que sustentan el núcleo argumental de la cinta con sus brillantes actuaciones: Anne Hathaway (Selina Kyle), que tiene un peso argumental decisivo durante el desarrollo de los acontecimientos, y que hace de su inocencia y mirada el eje del papelón que ejecuta; Tom Hardy (Bane), donde su imponente corpulencia y maldad (que incluso pueda llegar a entenderse en los tiempos que corren, me entenderéis cuando la veáis) no hace más que añadir cierto realismo a los sucesos que acontecen en Gotham. Impresionante crudeza y muestra de poder en una actuación estelar donde en ningún momento se le ve la boca debido a la máscara que usa, por tanto, el eje de su papel radica en la apabullante mirada y la ecléctica violencia de sus gestos; y por último, Joseph Gordon-Levitt (John Blake), donde muestra la humanidad y el alma de la ciudad de Gotham encarnada en un ciudadano de a pie más, donde la injusticia le hace delimitar sus actos a consecuencia del bien común, no del beneficio personal. 

Mención especial también para Alfred, el mayordomo (Michael Caine) y Fox (Morgan Freeman), cuya edad sólo hace brillar aún más sus actuaciones con unos papeles opuestos realmente interesantes.

En resumen, espectacular y entretenido cierre de una trilogía cuyo visionado debe hacerse imprescindible como buen amante del cine en general, y no de superhéroes en particular. Devastadora primera mitad de película, e interesante final, que sin embargo queda levemente deslucido por algunas secuencias más anodinas y exentas de interés para el desenlace de la historia, y que hacen caer el vertiginoso ritmo del film. Pese a ello, sensacional capítulo final del héroe más humano del cine.